Aquella vez que intentamos enseñar inglés a un delfín, le hicimos pajas y se terminó suicidando por amor

Aquella vez que intentamos enseñar inglés a un delfín, le hicimos pajas y se terminó suicidando por amor
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Vamos con una nueva versión de "tío, fueron o no fueron locos los 60".

Un científico llamado John Lily se interesó en aquella época por los delfines. Como la ciencia del momento consideraba que el tamaño de un cerebro era equivalente a su inteligencia, cuando lograron hacerle escáneres MRI a unos delfines y descubrieron que eran dos veces más grandes que el de los humanos, concluyeron que era necesario intentar comunicarse con esa especie, claramente inteligente.

Y de hecho, ese proyecto ganó mucho interés en los ámbitos astrofísicos, ya que si lográbamos comunicarnos con los delfine, consideraban, habríamos avanzado un inmenso camino a la hora de poder comprender señales intergalácticas de otras especies del universo. Lily publicó sus teorías en el libro Man and Dolphin, que ganó mucha popularidad a principios de la década hippie tanto dentro como fuera de la comunidad científica, lo cual es lógico ya que en el libro se hablaba de la idea de crear una Silla Cetácea en las Naciones Unidas desde la cual los mamíferos marinos podrían influenciar con su saber en los asuntos mundiales.

Y sí, la NASA les terminó financiando el proyecto.

Llevando la montaña a Mahoma: cuando el delfín tiene que hablar humano

Pero su plan estaba, como se sabrá después, muy mal enfocado. En vez de procurar entender el lenguaje entre delfines y adaptarse a sus reglas lingüísticas, los norteamericanos de este proyecto consideraron que el camino a seguir era enseñarle a estos animales a hablar inglés, aunque sólo la idea de pronunciar una "m" se convierte en un reto imposible para los mamíferos marítimos. Como les advertiría Carl Sagan cuando se pasó por sus instalaciones a mitad de desarrollo, ese punto de partida estaba destinado a fracasar.

Lilly John Lilly, bombero retirado.

En esto que al equipo de Lily se incorporó una joven talentosa llamada Margaret Howe Lovatt. Le apasionaban los animales, y de la misma manera que le ocurre a muchos niños, uno de sus sueños era poder hablar con ellos. Cuando en 1964 le asignaron la ocupación de tender puentes comunicativos entre delfines y humanos se abocó a la investigación.

Hasta tal punto que se dio cuenta de que la logística de la vida de los científicos y su horario laboral estaban poniendo barreras innecesarias en su vinculación con los delfines. Así que, como vivía cerca del centro y le encantaba su trabajo, acomodó su casa para convertirla en un gigantesco estanque donde ella viviría en un pequeño catre y habría escritorios superiores a la altura del agua en distintos sitios para anotar lo que hiciera falta mientras los delfines se paseaban por las instalaciones.

De todos los delfines cobayas de la investigación le asignaron a Peter, el único macho, muy joven y pasando por un episodio de exploración sexual.

Los experimentos de Lovatt fueron viento en popa. Peter y ella pasaban casi todo el día juntos y cada vez había un vínculo más fuerte. Daban lecciones de inglés dos veces al día y Peter fue incluso capaz, un día, de hacer unas burbujitas en el agua que simulaban ser una "m", un esfuerzo encomiable. Lovatt empezó a notar cómo la actividad entre ambos era más interesante fuera del horario lectivo. Peter estaba fascinado con las corvas de la investigadora. Le parecían lo más divertido del mundo.

Noche ardiente en el estanque

Con el tiempo, Lovatt decidió que era un engorro tener que trasladar a Peter con sus compañeras hembras cuando empezaban a notar que debía descargar sus pulsiones sexuales. Aquella misión de transporte de uno a otro sitio rompía el ritmo educativo por varios días siguientes, y por tanto, Lovatt hizo lo que le parecía más razonable: facilitar la expulsión de los flujos ella misma.

Así lo ha contado años después. Eran trabajos manuales llevados a cabo por el bien de la investigación, algo que no se planteaba como acto perturbado pues sus intenciones iban mucho más lejos que esto. La masturbación que le realizaba a Peter, además, era en muchos días un acto público, ya que si los investigadores se pasaban por su casa y Peter sentía la necesidad, ella simplemente lo ejecutaba:

Era un acto sexual por su parte, pero no por el mío. Para mí, tal vez era algo sensual, como mucho. Se convirtió en una situación más de las que teníamos cotidianamente, como si le picase una parte del cuerpo. Yo le rascaba y así podíamos seguir con lo nuestro. Yo estaba ahí para conocer mejor a Peter, y esa era una dimensión de Peter.

Llegan los tabloides, llega el LSD

Pese a lo bienintencionado de su acto, la historia no tardó demasiado en llegar a las manos equivocadas. Un día Lovatt se despertó y fue a comprar una de las dos revistas que llegaban a la región, Hustler. En ella había un especial a dos páginas en el que se hablaba de los encuentros entre ella y su paciente como zoofilia. Aunque la doctora intentó comprar todos los ejemplares, el reportaje siguió circulando y la persiguió durante el resto de su vida.

Delfin Humano "Do you like it?". (US Navy: la mujer de la foto no es Lovett).

Pero eso no es lo que causó el fracaso del ensayo lingüístico. Llegado un momento el profesor Lilly había dado por perdidos los métodos de aprendizaje que habían practicado hasta entonces. Por la época, la capacidad de alteración de la conciencia del LSD atraía a muchos investigadores, sobre todo los relacionados con el gobierno norteamericano. Lilly ya había experimentado en sí mismo y de diversas formas los efectos de este psicotrópico, así que creyó que no habría nada que ayudase a llevar a mejor puerto su proyecto acuático que inyectarles LSD a los delfines.

Lovett protestó, y como resultado Peter fue el único de los mamíferos que se libró del consumo de estupefacientes. Pero no pasó nada, absolutamente nada. La droga no tenía ningún efecto sobre sus cerebros, y el doctor descubrió amargamente que diferentes especies reaccionan de forma distinta a distintos fármacos.

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Para 1966 Lilly había perdido toda esperanza en sacar algo de provecho, y mientras Lovett seguía con las lecciones vocales de Peter, se desmanteló el proyecto. La investigadora entristeció al pensar en su separación del delfín con el que había vivido íntimamente en los últimos dos años, pero terminó por aceptarlo como parte de su trabajo. Se llevaron a Peter a un tanque. Después de unas semanas el laboratorio llamó a Lovett.

Sin Titulo 4 El desamor tiene muchas caras. (Mark Interrante/Flickr)

Desde que lo sacaran de la otra casa, los investigadores habían tenido a Peter encerrado en un tanque vacío a la espera de saber qué hacer con el animal ahora que no tenía interés científico para el centro. Sólo, sin la compañía de la que había sido su amiga en los últimos tiempos, Peter se fue marchitando rápidamente y un día simplemente dejó de respirar. Los delfines no respiran de forma automática, como nosotros, sino que cada inspiración y expiración es un gesto consciente y una muestra del interés por mantenerse con vida. Peter, ante su nueva realidad, decidió que lo único que podía hacer era suicidarse.

El proyecto de este equipo de biólogos de Miami es recordado por muchos como uno de los trabajos más disparatados de la historia de la ciencia reciente. Otros simplemente siguen haciendo circular el artículo de Hustler para hacer reír a sus amigos. Como ha contado Lovett en una de las últimas entrevistas que le han hecho, a lo largo de los años ella ha recibido cartas de un montón de niños contentos de haber conocido su historia. Animados por su tesón científico, muchos le han prometido seguir sus pasos e intentar, con más éxito, lograr que nos entendamos mejor con los animales.

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