Don Mancini: "Me llaman mariconazo por haber hecho a Chucky tan gay, pero es algo que me complace"

Don Mancini: "Me llaman mariconazo por haber hecho a Chucky tan gay, pero es algo que me complace"

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Antes de que #metoo fuera hashtag, un tal Kit Du Bois (guionista y estudiante de cine de veintitantos) planteó un libreto de lo más singular inspirándose en el póster de una película por hacer. Su protagonista, una muchacha llamada Whitney Taylor, dibujante de tebeo, sufriría un caso especialmente agudo del síndrome de Ibsen, oséase, la rebelión de los personajes de una obra artística contra su creación. La conquista de lo real por parte de la ficción.

Pero aparte de esa gran epopeya, Whitney tenía que lidiar con otro problema mucho más mundano, pero no por ello menos opresivo. El ambiente de machitos del mundo de las escuelas de Bellas Artes, que recibía con ojeriza a esa aspirante a dibujante de algo tan banal como los tebeos. Vamos, que Du Bois, mucho antes de esta época de Overwatch, Saga, Episodio VII, La joven del agua, The Last of Us. Part Two y demás obras que mezclan la diversidad con el fantástico más pop, ya pensaba en estas cosas.

Hoy Kit Du Bois responde a otro nombre, universalmente conocido para el fan del horror. Kit du Bois ya no es veinteañero, sino un apuesto cincuentón al que, si se le pinchara, seguramente no derramaría sangre, sino fotogramas.

Una cosa queda clara después de la hora larga que pude disfrutar —gracias a Sergio Molina y Nocturna, el Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid que dirige, ya por su séptima edición— en compañía de Don Mancini, padre de Chucky. Que la entrada del diccionario que define cinéfilo debería llevar su rostro. Mancini es un apasionado del cine como pocos. No solo lo crea, sino que lo respira, juguetea con él en una memoria prodigiosa para recordar los detalles de películas y series que lo apasionan.

Pero Mancini no vive solo para el cine; especialmente el de horror. Vive también para dar voz a las minorías LGTB de la que es símbolo e icono por declararse gay abiertamente y por su creciente atrevimiento a llevar por el puente arcoíris a su archiconocido villano. Sin pelos en la lengua y con mucho que contar, nos sentamos en una mesa del Hostel Generator, con una lápida a apenas unas mesas de distancia. Como puede admirarse en la foto de cabecera, dimos buena cuenta de ella.

Chucky Con Don

¿Recuerdas alguna pesadilla en particular de cuando eras niño que te haya marcado?

Creo que la pesadilla más vívida que recuerdo de mi infancia es tan específica que a lo mejor suena rara. Cuando era muy, muy pequeño, mi hermana tenía en su dormitorio un perchero de pie rematado con una cabeza de caballo. Debía tener unos cinco años cuando sufrí una pesadilla protagonizada por esa cabeza de caballo. Se movía. La veía moverse en un espejo.

Estoy en el sueño; hay un espejo. En el reflejo puedo ver cómo la cabeza de caballo del perchero se mueve. Se mueve hacia mí. Esa fue una pesadilla que me aterró, aunque no sé si realmente ha tenido alguna influencia en mi carrera [risas]. Pero ya que me has preguntado, ahí queda.

Luego, cuando tenía ocho o nueve, no es que tuviera terrores nocturnos, pero sí caminaba sonámbulo, sollozando, cuando había tormenta. Solo cuando había tormenta. Retrospectivamente, eso sí suena muy adecuado.

¿Y hay algo más de esa época de la infancia que sí te quedara como poso para tu obra?

Siendo pequeño, recuerdo perfectamente… ¿Sabes el show televisivo de los 60, ‘Dark Shadows’, del que hizo la peli Tim Burton con Johnny Deep?

Lo conozco, sí.

Me encantaba. De hecho, la palabra sombra la aprendí de esa serie. Debía tener tres; tres o cuatro años. Lo recuerdo porque le pregunté a mi madre: "¿Qué es una sombra?". Me encantaba esa serie. Me encantaba todo su retorcimiento gótico. Mi personaje favorito era Angelique. Hay un par de cosas que quiero decir sobre Angelique.

[La primera es un recuerdo muy específico de un episodio el 499] que era un poco como un refrito de Dorian Gray. Barnabas, si lo recuerdas, era su némesis, siempre andaban a la gresca esos dos. Así que hay un episodio en el que Barnabas lleva un retrato de Angelique a un artista para que lo envejezca. Porque, claro, Angelique, aunque tenía un par de siglos, lucía joven y preciosa.

Recuerdo que al final del episodio, Barnabas le dice a Angelique [Don dramatiza la voz y enfatiza las palabras]: "Mírate las manos". Angelique las mira y son las de una vieja. Entonces pega el grito más. Un: "¡AAAAAAAAHHHHHH!" [Don expresó el grito, pero no alzó la voz] tremendo. Y así acababa el episodio. Y ese es uno de los recuerdos más vívidos de la niñez [risas].

Ese fue mi primer encuentro también con el arquetipo de la mujer malvada; un arquetipo que para un niño resulta profundamente perturbador, porque...

Por nuestras madres.

¡Exactamente! Exactamente... Los niños asocian a las mujeres con sus madres, por eso la noción de que una mujer pueda ser malvada perturba tanto a un niño. Y por eso creo que me dejó una huella tan profunda ese episodio.

Además, hay una película noir de los 40, ‘Que el cielo la juzgue’... ¿Te suena la actriz Gene Tierney?

No. Ahora mismo no caigo.

Es maravillosa. El personaje que interpreta es una precursora de Catherine Tramell de Instinto básico medio siglo antes. Una mujer joven y hermosa que manipula a todos aquellos que tiene cerca. En fin, que ese arquetipo me dejó huella. Qué tenga que ver eso con Chucky, pues ni idea [risas.]

Bueno, yo sí le veo la conexión. Hay mujeres malvadas en tus películas, especialmente en las últimas.

¿Cuál consideras la malvada? ¿Tiffany o la Nica poseída?

Me cuesta llamarlas malvadas, porque las dos me encantan.

A mí también [risas].

Pero creo que ambas caen de alguna manera en ese arquetipo.

Yo creo que me quedo más con Nica por [Fiona Dourif, la actriz que la interpreta]. Fiona tiene una belleza muy concreta que me recuerda a la de Sharon Stone. Son los ojos. Hay algo inquietante en ellos. Algún tipo de dolor, o miedo; un misterio en su mirada que emana energía, que literalmente explota en pantalla. Esa es una de las razones, creo, por la que le solemos proponer papeles de perturbadas [risas].

Esto es muy interesante. Cuando haces un casting en una película con una premisa sobrenatural, necesitas a actores que encajen muy bien en su papel. Creo que con Fiona pasa, y con Jennifer en otro sentido; y esto es así porque de alguna manera te crees lo sobrenatural porque alrededor de estos actores parece plausible que pudiera ocurrir algo mágico.

Hay otros intérpretes estupendos, pero que la emoción que emanan es mucho más naturalista. Es difícil ponerlo en palabras; pero si fallas en esto, todo se puede venir abajo, porque no te crees a la persona que debe enfrentarse a un muñeco que cobra vida.

O sea, que a los actores para las películas del fantástico hay que verle una suerte de resplandor. Polvo de hadas en la mirada para saber que funcionarán.

Algo así. Algo inefable.

Todos los actores tienen una energía que les es genuina y natural. Hacer estas películas me ha permitido percatarme de cuán importante es hacer el casting bien. Me repito, hay muchos actores que no tienen ese algo, pero no por ello dejan de ser fantásticos intérpretes. A ver, no quiero señalar a nadie para no ofender. Si quieres te pongo un ejemplo off the record, para que me entiendas [me lo puso; y lo entendí].

"Cuando haces un casting en una película con una premisa sobrenatural, necesitas a actores que encajen muy bien en su papel. Creo que con Fiona pasa"

Pero es eso exactamente: polvo de hadas. Sabes quién lo tiene por instinto. Cuando fiché a Fiona para Chucky, vi que lo tenía. Además, tenía que interpretar en silla de ruedas, lo que siempre es peliagudo, porque la silla es un atrezo. Y hay actores buenos con el atrezo y actores que no lo son. En este caso, había que estar 100% con la silla de ruedas; en todas sus escenas. Y eso significa que el actor tiene que convivir con este atrezo y encontrar, de algún modo, una sinergia con él.

Vi a muchos actrices, actrices fenomenales. Y nada, no me las creía en la silla. Pero de pronto vi a Fiona y no sé... Había algo ahí. Una tensión. Un dolor, incluso. Pasara lo que pasara en su vida, el caso es que encajaba con alguien en silla de ruedas. Y con alguien también que tuviera que lidiar con un muñeco diabólico.

bride of chucky

Lo noté en los primeros planos. En el arranque de la película, cuando aparece por allí el mensajero que coquetea con ella. Luego, al contárselo a su madre, esta le dice, con muy poco tacto, "que no se haga ilusiones, que solo estaba siendo amable con ella". La mirada que le echa Fiona encaja con esto que describes.

Conozco exactamente al plano y hasta a la toma que te refieres [sonríe].

Los orígenes de una pasión

Cambiando de tercio. Tu padre trabajaba en el mundo de la publicidad. Era, a su manera, también un creador de imágenes. ¿Te ayudó tenerlo de ejemplo en casa?

Seguro. Porque, incluso de una manera tangencial, trabajaba en el negocio del espectáculo. Lo esencial siempre es cómo se presentan las cosas. Ser impecable [slik fue la palabra que usó Don]. A veces, la gente usa la palabra peyorativamente. No es mi caso. Yo lo veo como una habilidad. No quiero banalizar el cine diciendo que vendemos películas. Pero es así, aunque no en un sentido literal, dame dinero y te doy un producto. A lo que me refiero es a que la gente tiene que creerse tu presentación. Tiene que atraer su mirada con todas tus técnicas, composición de plano, belleza estética. Así que pienso que sí, que me influyó mucho.

¿Tenías claro, desde el principio, que querías ser cineasta?

Sí. Desde los ocho o los nueve años. Y eso fue una ventaja, la verdad. Cuando fui a la universidad, me topé con gente que era mucho más lista que yo, pero que aún no sabían exactamente lo que querían hacer. Yo sí; yo sabía exactamente lo que quería hacer. Antes de eso, cuando era un chaval aún más pequeño, me interesaba mucho la arquitectura. A ver, aún estoy muy interesado como aficionado, pero llegué a pensar por entonces que quería ese trabajo.

"Cuando fui a la universidad, me topé con gente que era mucho más lista que yo, pero que aún no sabían exactamente lo que querían hacer. Yo sí; yo sabía exactamente lo que quería hacer"

Vivía en un vecindario de nuevo cuño, así que había muchas casas que aún estaban por hacer. Me encantaba explorar casas que estaban a medio construir. Me encantaba dibujar planos de casas. Pero cuando tenía unos ocho años, hubo una película que me hizo comprender que eso es lo que quería hacer en la vida, profesionalmente. Y esta fue [risas]: ‘La aventura de Poseidón’.

¿‘La aventura de Poseidón’? ¿Por qué [Risas]?

[Risas]. Y después de esa, ‘El coloso en llamas’. Las películas de desastres lo petaban en los 70. Pero creo que lo me impresionó como niño fue el uso de los efectos especiales; esto comenzó a intrigarme por la presencia de los cuentacuentos, de los artesanos tras las cámaras. Me fascinó. Todas las técnicas de entonces como las miniaturas, los trucajes de cámara… Y creo que también me encantaba este drama hiperbólico, esta historia a vida o muerte.

De hecho creo que ‘La aventura del Poseidón’, legítimamente, es una película fascinante en muchos aspectos. Aunque, retrospectivamente, es bastante camp, es tonta a cierto nivel… Pero como niño me la tragué enterita. Creo que es divertido cuando revisitas una película que te impactó tanto; te das cuenta que gran parte del drama de esas películas versaba sobre aventuras de cama. Gente que está siendo adúltera; como niño, todo eso no lo entiendes, y por tanto lo filtras. Te preguntas: "¿Qué es todo esto?".

Recuerda ‘La aventura de Poseidón’: Ernest Bornigne está casado con Stella Stevens, que es una exprostituta y tiene miedo de que se va a encontrar en el crucero con un antiguo cliente. Y en ‘El coloso en llamas’, Robert Wagner tiene una aventura con su secretaria; luego ambos acaban bien quemados. Tenían esta visión, increíblemente conservadora, en estos temas.

También el diálogo es hilarante. A menudo, es tan estúpido… No sé si esto se entiende en otros idiomas, pero te voy a citar uno que tiene el mismísimo Gene Hackman [en ‘La aventura del Poseidón’] que está entre los monólogos más estúpidos que he escuchado jamás. Recuerda que su papel era el de un sacerdote [el reverendo Frank Scott] muy poco ortodoxo. Así que en determinado punto de la película sucede este diálogo memorable:

"Como niño, no te das cuenta; asumes que el mundo de los adultos funciona así, con gente teniendo aventuras a espaldas de sus parejas y diciendo cosas absurdas"

Una monja le dice a Hackman: "¿Pero qué clase de sacerdote es usted?". Gene Hackman le contesta: "De la mejor clase. Enfadado, rebelde, crítico, un renegado; desnudo de mis llamados poderes clericales, pero aún en el negocio" [carcajadas]. ¡El diálogo más absurdo de toda la historia!

[Risas.]

Pero repito, como niño, no te das cuenta; asumes que el mundo de los adultos funciona así, con gente teniendo aventuras a espaldas de sus parejas y diciendo cosas absurdas. Pero, amén de esto, creo que ‘La aventura del Poseidón’ tiene un poder duradero porque el concepto era muy mitológico de una manera muy simple. Porque la película, directamente, trata sobre Dios. De hecho, el texto del guion reflexiona sobre la naturaleza de la religión, sobre Dios y sobre qué quiere Dios de nosotros.

De nuevo, como niño no te das cuenta. Pero creo que es poderosa a un nivel muy primario. Y creo que ‘El coloso en llamas’ tiene un poder similar porque va de la arrogancia, la idea de construir una torre que llegue al cielo…

Chuck1

Construir una Babel.

Exactamente. Cómo se atreve la humanidad a imitar a Dios y alcanzar los Cielos. Y por ese atrevimiento son castigados.

Además, creo que aunque estas películas no son de terror, sí tienen elementos terroríficos. Porque, a fin de cuentas, no para de morir gente [risas]. Pero volviendo a lo que te comentaba, era en el maquillaje y los efectos donde encontré mi fascinación por hacer cine. Como tantos otros niños, la verdad. Te escucho y percibo que tú también eras uno de ellos. Y Sergio [Molina, que estaba presente durante la entrevista] sé que lo es.

El siguiente paso, evidentemente, era empezar a hacer tus películas caseras.

Evidentemente.

Y claro, empiezas por imitar aquello que te mola. ¿Recuerdas esta escena de ‘La aventura del Poseidón’ que hay un tipo colgando boca abajo de una mesa, agarrado con los dedos al borde, y de pronto cae y se precipita sobre la luz del techo? Mis amigos y yo solíamos jugar a eso. Nos agarrábamos a algo y nos dejábamos caer sobre la cama, gritando [risas].

¿Recuerdas alguna de ellas con claridad? ¿De las cintas caseras que hacías con tus amigos? ¿Alguna que fuera particularmente graciosa?

Mmmm... Lo que sí recuerdo es mi reacción ante las comedias. ¿Sabes esta serie, ‘Hechizada’? Sí. De la que luego hicieron el remake con Nicole Kidman. Esa misma. Uf, el remake era terrible. Pero la serie era genial. Y cuando ves a un ama de casa como niño que es guapa, inmediatamente piensas, esa es mamá. Lo cual, como lo pienses con esa serie, te mete en un buen lío... ¿Sabes quién es Carol Burnett?

Sí.

Pues también tenía un show durante los 60 y 70. Era superdivertida. Y una de las cosas que hacía era parodias de películas. Y como ya era un cinéfilo, el concepto de las parodias me encantaba. Me partía de risa. Estos son los primeros recuerdos que tengo de reírme con la ficción.

chucky

¿Y de tus películas caseras? ¿De qué iban?

Pues iban siempre de lo mismo: de la muerte [carcajadas]. O bien morir en desastres o bien en morir sin más. De hecho, solía hacer películas con mis hermanas en las que una de ellas me mataba.

¿Y qué te decían tus padres?

Pues no me desalentaban, eso está claro. Supongo que pensaban: "Bueno, se mantiene ocupado y sin meterse en líos".

Las primeras películas (con pseudónimo)

Tu primera película en Hollywood la firmas con pseudónimo...

[Risas]. [‘Cellar Dweller’ en castellano: ‘Criaturas al acecho’].

Esa misma. Antes de hablar de ella, te quiero preguntar: ¿Por qué el seudónimo y si significa algo en concreto?

Sí. Lo significa [carcajadas].

Pues cuéntamelo. Y también cómo fue esa primera experiencia.

Pues bueno, estaba en la universidad y ya había escrito el guion que se convirtió en ‘Muñeco diabólico’. Mi agente lo había movido por Hollywood y había caído en las manos de Charles Band, de Empire Pictures. El caso es que vivía en Hollywood con otros dos cinéfilos, algo mayores que yo. Uno de mis compañeros de piso era un montador de Empire Pictures.

Logré una primera reunión. Y se presentaron en ella como un póster. Ese era su metodología; hacían el póster de la película antes que el libreto. Así que me encontré con el póster de este monstruo que John Buechler, el director y experto en efectos especiales, había diseñado. Y el título: ‘Cellar Dweller’. Charles Band me dijo: “Muy bien. Queremos hacer esta película. Se llama ‘Cellar Dweller’. La queremos rodar en un solo set, que tenían en Roma, donde hacían un montón de películas porque era muy barato.

Le dije sin más: “Vale, pues lo hago”.

Así que se me ocurrió este concepto que partía de la idea de este instituto de artistas donde una chica intenta forjar una carrera como dibujante de cómic y el resto la miran un poco por encima del hombro, porque los tebeos no son arte. Y el giro era que el monstruo de su tira de tebeos traspasa la página y entra en la realidad.

"Se me ocurrió este concepto que partía de la idea de este instituto de artistas donde una chica intenta forjar una carrera como dibujante de cómic y el resto la miran un poco por encima del hombro"

El caso es que mi guion era bastante más elaborado de lo que se vio luego en la película, porque tenía esta idea ambiciosa de hacer un giro radical con todo el set y el atrezo. Había un punto en el libreto en el que los personajes hacían el camino contrario y entraban en el mundo del cómic. El set no cambiaba, pero su diseño de producción sería completamente diferente y tener los colores primarios del mundo del tebeo.

Es una idea alucinante.

Pero no usaron nada de eso. Lo convirtieron en algo mucho más simple.

Me percaté que igual no era una buena película para lanzar mi carrera y decidí firmarla con pseudónimo. Y el pseudónimo en sí, Kit Du Bois, si lo pronuncias fonéticamente suena como Kit, The Boy. El caso es que cuando mi hermana y yo éramos pequeños jugábamos a un juego en el que yo era Cat-Boy y ella era Cat-Girl. Así que de Cat-Boy a Kit-Boy a Kit Du Bois. Además, creía que Kit Du Bois resultaría, para cualquiera, un nombre falso obvio.

Realmente, pensé que estaba siendo muy listo. Casi como una protesta subliminal. Pero tampoco quiero ser muy displicente con la película, porque han pasado 30 años, y porque todas las películas encuentran a su público. Alguien hay siempre que las disfruta. Creo que tenía cosas divertidas y que el monstruo era legítimamente molón. Además, John se rodó la película creo que en 12 días.

En esta primera película se ve algo que luego saldrá a la luz con mucha más fuerza en tus últimas obras. El tema de la diversidad. Aquí teníamos a una artista de cómic (mujer) que era vista con desprecio. Pero en las primeras películas de Chucky, este elemento clave no estuvo presente. ¿Por qué te atreviste en la primera película y por qué esperaste a mostrarlo en tu saga?

Es verdad. El caso es que las primeras secuelas de Chucky, la segunda y la tercera, las hicimos muy rápido. Lo cierto es que estaba, por así decirlo, cargando las pilas. No fue hasta ‘La novia de Chucky’ que no me decidí a meter una perspectiva abiertamente gay en la franquicia. Creo que por un lado estaba ganando confianza en mí mismo. Pero por otro también era consciente de que había que mantener la saga interesante.

‘Chucky 3’ fue la película de menor éxito comercial y creo, también, de menor éxito creativo. Gran parte, en mi opinión, es porque estaba empezando a ser repetitiva. Intenté mantenerla interesante con Andy como adolescente y todo el contexto militar.

Muy ‘La chaqueta metálica’.

Ese rollo, sí. Pero iba otra vez de este muñeco intentando transferir su alma en otro cuerpo y matando a la gente que se cruzaba en su camino. Ya lo habíamos hecho. Y una consecuencia de la repetición era que cada vez daban menos miedo.

Porque el espectador sabía a qué atenerse.

Exactamente. Y porque veíamos a Chucky más. Lo bueno fue que dedicamos tiempo a desarrollar su personalidad. Y seguía siendo divertido; a la gente seguía haciéndole gracia. Pero ya no tenía mucho interés.

Cuando tocó hacer la cuarta, me dije: “Hagamos una comedia”. Es que, si lo piensas, la premisa da para ello por la cantidad de cosas absurdas latentes. Ayer, de hecho, al ver la primera película… La vi la semana pasada en Chicago, esta semana aquí y la veré próximamente en México. Y lo cierto es que no puedo ser objetivo con ella, porque hay aspectos que cambiaron de mi libreto, cambios que seguro que conoces obra de Tom Holland, que para mí no funcionan.

Pero valora mis palabras con reservas, porque a lo mejor es solo mi percepción por haberla escrito.

Cómo avanzar 30 años de franquicia

Lleva 30 años metido en esto. Cuando mira a su saga como conjunto, ¿cómo decide cuál debe ser el nuevo giro de la franquicia? ¿Es instintivo, piensa en el público? ¿Cómo funciona?

Después de ‘La semilla de Chucky’ decidí cambiar porque esta era más radical pero también fue considerablemente menos exitosa. Fue la más controvertida. Creo que se la entiende y acepta mejor en Europa que en América [risas].

Hay muchos fans del horror, yo te diría que diariamente, que me dicen por Twitter o por donde sea: “Que me cargué el personaje, que soy muy estúpido”. A veces se ponen peor, eh. Me llaman “mariconazo” por “haber hecho a Chucky tan gay”. Pero es algo que, secretamente, me complace [risas].

Cult Of Chucky Front

[Risas].

En cualquier caso. Sentí, como nos pasó con las tres primeras, que habíamos agotado todos los recursos por esa vía. Y siempre quise hacer algo sorprendente. No quiero repetir la misma película. Así que cuando llegó el momento de hacer ‘La maldición de Chucky’, pensé: “Hagámosla aterradora otra vez.” En parte, porque el cambio la mantendría fresca. Y en parte porque a mí me interesa mucho el jugar con la puesta en escena de una manera similar a Hitchcock o De Palma.

Hay muchos fans del horror que me dicen "que me cargué el personaje, que soy muy estúpido". Me llaman "mariconazo" por "haber hecho a Chucky tan gay". Pero es algo que me complace

Con ‘La semilla de Chucky’ no podía hacerlo demasiado, porque el género era distinto y también porque las marionetas lo condicionaban todo. Gran parte de mi trabajo era vender la ilusión de estas tres marionetas teniendo conversaciones. No podía mover la cámara tanto como quería, porque lograr la interpretación que necesitábamos de la marioneta era lo crucial; así que si decidía mover la cámara nos podíamos perder esa interpretación.

Con ‘La maldición de Chucky’ al fin pude hacer un estilo de puesta en escena a lo De Palma, Argento o Hitchcock. También me intrigaba la idea de una película que se presenta al espectador como un reboot y es en realidad una secuela; de manera que todo lo que vino antes sigue siendo relevante.

La primera vez que la vi, me pasó exactamente eso. Pensé que era un reboot. Hasta que Chucky habla, te lo crees, porque incluso el aspecto de Chucky llama al engaño.

Sí. Lo hago hablar a mitad de la trama. Originalmente, las cosas eran distintas en un aspecto. No sé si lo sabes, pero en el guion original, e incluso en mi primer montaje, la niña moría.

¡Guau!

La escena es en la que está en cama con el muñeco y está asustada por la tormenta. Le dice: "Chucky, estoy asustada". Y Chucky contesta: "Y tienes putos motivos [en inglés: "You fucking should be"] y saca un cuchillo. Entonces nos vamos hacia atrás de la tienda (la llamo así, porque es lo que parece estar bajo esa sábana) así que solo vemos las siluetas de la niña y el muñeco, recortadas bajo la luz de la linterna, y de pronto, ¡splash!, salpica la sangre.

No quería mostrar la muerte de un niño de manera gráfica; pero la escena era tan interesante... Lo que me sorprende es que la película de ‘IT’ lo hizo de una manera mucho más gráfica que yo y no pasó nada. A mí el estudio me dijo que no: "No queremos matar a un niño". Por eso tuve que rodar un nuevo final.

Es algo que me ha dejado insatisfecho, porque el mandato fue: “Tienes que mostrar explícitamente que esta niña sobrevive”. Así que creo que, originalmente, era más poderosa. Aun así, a la gente le gusta, así que parece que funcionar, funciona.

La escena me gustaba porque era un poco el equivalente de Janet Leigh en ‘Psicosis’ o Drew Barrymore en ‘Scream’. Venticinco años de Chucky nos decían que esta niña debía ser la nueva protagonista. Así que matarla era como quitar la alfombra bajo los pies del público; dejarlos legítimamente en shock. Lanzar el mensaje: “Chucky vuelve a dar miedo”.

La escena que me describes es alucinante. Funcionaría de maravilla.

Bueno, yo tengo mi montaje original; el bruto. Pero no me dejaron hacerlo. Luego, en ‘Cult of Chucky’, tampoco me dejaron poner en peligro a niños [risas].

[Risas].

Es un poco frustrante para mí, porque se trata del mismo estudio… A ver, son dimensiones diferentes de esta amalgama multitentacular llamada Universal Pictures; donde un tentáculo, a menudo, no tiene ni idea de lo que están haciendo los otros. El tentáculo que trabajaba conmigo en esas películas, era muy conservador respecto a los niños. Así que me pasó lo mismo; tenía que contar el destino de esta niña, pero en ningún caso podría haber muerto.

Así que la conclusión final es que me llevo mi franquicia de tus garras y me voy a la tele; que allí voy a poder contar lo que quiera [risas].

Que conste que no estoy interesado en mostrar gráficamente violencia contra los niños, como sí hizo ‘IT’. No es que esté en contra de que se haga, aunque choca bastante, solo que a mí me interesa más la estilización.

La serie de televisión y los fans

¿Qué me puedes decir de la serie de televisión? A lo mejor no algo concreto, pero sí la emoción que persigues con ella.

Puedo decir muy poco, realmente. Todo lo que puedo decir es que nuestra intención con la premisa es la iteración más perturbadora del personaje. Y sé que con esto es como menearte un cascabel [risas]. ¡Por supuesto, te estoy meneando el cascabel para que te intereses! Pero creo que es verdad. La forma en que terminé ‘Cult of Chucky’ fue deliberadamente pensada para arrancar una serie de televisión. Por eso tienes todos esos cliffhangers colgando, como el hecho de que ahora hay múltiples muñecos de Chucky poseídos.

Es curioso, porque en América esa decisión fue muy controvertida y no me lo esperaba. Llevaba años queriendo tener múltiples muñecos de Chucky, porque pensaba que obviamente era una idea alucinante. Pero hubo muchos fans que se cabrearon; por ejemplo, con la escena de los tres Chucky. Hay un tipo de fan que no quieren nada de humor en su terror; y que se cabrean muchísimo conmigo cada vez que hago algo así. Pero son cosas que no puedo resistir. A lo mejor es que soy una persona, en su esencia, muy estúpida [risas].

Hay un tipo de fan que no quieren nada de humor en su terror; y que se cabrean muchísimo conmigo cada vez que hago algo así. Pero son cosas que no puedo resistir

En cualquier caso, la próxima iteración… A ver, no vamos a perder el humor negro del personaje; de hecho, creo que es cada vez más necesario retenerlo, en esta era de ‘Annabelle’ o el remake de MGM de Chucky. Creo que es muy importante para mí retener lo que hace a este personaje genuino, tal y como lo interpreta Brad Dourif. Pero, insisto, va a ser muy perturbador.

Chucky Hip

Para terminar, quiero que hables de los fans desde diferentes ángulos. Una cosa que está pasando en la cultura pop actual es que cada vez es más difícil parir nuevas historias y personajes que sean icónicos y de éxito como lo es Chucky; hablo de cualquier género, no solo del horror. Hablo solo del cine; porque en videojuegos sí que estamos viendo otra cosa. ¿Crees que esto está relacionado con el hecho de que Internet ha dado el altavoz a los fans para pedir que se ruede, una y otra vez, la misma historia?

Pues esto posiblemente sea verdad. En cualquier caso es interesante. A ver, en esencia, todo son números; economía. Los estudios padecen cada vez más aversión al riesgo; supongo que lo sabrás, pero el mercado del DVD y el Blu-Ray ya no es ni de lejos lo que era. Los estudios no quieren hacer material original; quieren marcas: secuelas, reboots, adaptaciones de otros medios. Esto es una realidad y un problema.

Pero creo también que es posible hacer cosas buenas dentro de las secuelas, reboots y adaptaciones si eres inteligente con el material. Con Chucky es lo que intentamos. Cambiar el género, cambiar el tono, reinventarlo. Ahora, con la serie de televisión, cambiar el medio. Creo que la televisión hace novelas y el cine relatos. Nunca hemos usado Chucky para contar una historia novelesca. Esto nos da una oportunidad de explorar los personajes de una manera completamente nueva.

Me siento muy afortunado de tener un personaje que no se ha desfasado del mundo y que sigue despertando el interés de la gente

Narrar es, para mí, sorprender al espectador. Las buenas historias subvierten lo que se espera de ellas. Creo que las secuelas, si eres inteligente, te dan una oportunidad buenísima de hacer eso: subvertir. El espectador llega con unas nociones preconcebidas: “Chucky es esto o aquello”. Mi trabajo es joder con ello. “Ahora, de pronto, tiene una mujer”. “Ahora tiene un hijo de género difuso.” “Ahora hay un subtexto gay”. Y ahora, llevándolo a la televisión, lo uso para implementar un tipo de narración completamente diferente.

Desde mi perspectiva, la de alguien que lleva treinta y pico años trabajando en la industria, es cierto que estoy atado por las estructuras que te permiten hacer lo que haces. Pero me siento muy afortunado de tener un personaje que no se ha desfasado del mundo y que sigue despertando el interés de la gente. Me siento muy afortunado de poder seguir haciéndolo. Así que intento usar esas ataduras en mi beneficio y que mi personaje siga haciendo cosas nuevas.

Imagen: Eva Pernas

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