El porno visceral de Lars Von Trier que ha provocado huidas masivas en el Festival de Cannes

El porno visceral de Lars Von Trier que ha provocado huidas masivas en el Festival de Cannes

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"Deserciones masivas" recogía un titular de El País, al igual que otros tantos medios estadounidenses. "Desmayos y vómitos" dicen otros. Lars Von Trier se hace eco de todos estos comentarios que se están produciendo y comenta que la reacción es "la correcta". "Es importante no ser amado por todo el mundo porque eso significaría que has fallado. Aun así no estoy seguro de que la hayan odiado lo suficiente. Si la película se hace demasiado popular voy a tener un problema. Pero de momento las reacciones parecen ir por el buen camino".

Por rematar, también ha comentario que, si algún día mata a alguien, será a un periodista.

El origen de la ofensa? The House that Jack Built. En ella se nos cuenta la historia de un maniático asesino en serie amante de la ingeniería y la arquitectura que considera que sus crímenes, además de ayudarle con su patología, son una forma de crear arte aunque el mundo no lo comprenda. La película tiene, entre otras cosas, escenas de cabezas reventadas, mutilaciones de senos, asesinatos a niños y mutilaciones de cadáveres entre otras tropelías.

El contexto cannoise. La llegada de la última película del director danés a Cannes ya iba a suponer un pequeño terremoto en la villa francesa. Como muchos sabrán, Von Trier se había ganado el deshonroso título de persona non grata del festival siete años atrás cuando, durante la presentación de Melancolía en la Competición Oficial, dijo que entendía a Hitler (en verdad el vídeo completo de la rueda de prensa es bastante delirante).

El chico malo del cine de autor y maestro provocador se había pasado de frenada y en sólo unas horas pasó de ser uno de los protegidos del festival más prestigioso del mundo a ser un paria. Ahora Thierry Frémaux le ha levantado el veto y le ha permitido exhibir aquí su película (aunque fuera de la competición) para sorpresa de muchos.

¿Y a qué viene esta reconciliación? Nadie lo entiende, menos si tenemos en cuenta la discusión en la que está inserta Cannes, que después de que todos los círculos del séptimo arte lleven casi un año actuando alrededor del fenómeno #MeToo también se apunta a esta batalla colocando en el jurado que otorga la Palma de Oro a una mayoría de mujeres y crea una plataforma de visibilización y financiación del cine hecho por ellas.

Algo lógico si nos atenemos al desprecio porcentual e histórico del Festival del cine hecho por este colectivo, pero que no encaja nada bien con la política de reintroducir a un tipo vetado y que ha sido públicamente denunciado por actrices por ser un maltratador. No es más que un gesto, pero aquí los gestos cuentan casi tanto o más como los hechos.

¿Estamos ante la película más ofensiva de la historia? En verdad, no. Es posible que la burbuja mediática se haya hinchado desproporcionadamente. Los artículos de deserciones masivas se basan en el tuit de una periodista que dijo que en el pase de gala de la obra (cuyos espectadores son un tipo de público no siempre acostumbrado al cine) se habían ido al menos 100 personas, algo poco común pero no del todo imposible.

Para entender la escala de la huida hay que mencionar que sala en la que se proyectó había 2.300 personas, y que durante el pase de los críticos del día siguiente apenas se fueron unas 20 o 30 personas de entre miles. En el mismo Theatre Lumiére se han visto espantadas mayores.

¿Y es para tanto la cosa? Pues tampoco, cualquier espectador acostumbrado al cine de casquería y violencia como el que puedan proyectar en cualquier edición de Sitges se sentirá traicionado si ve la película por el porno visceral que pueda encontrar en The House that Jack Built. Su manipulación de los cuerpos de las víctimas se parecen bastantes a las de un capítulo de Hannibal, para que te hagas una idea. La película es más bien un mensaje de Von Trier para intentar que comprendamos por qué hace lo que hace.

Por qué su cine, en el que siempre se ha maltratado dentro (¿y fuera?) de la pantalla a las mujeres, es según él importante para la historia del arte. Por momentos parece que Von Trier quiere pedir perdón por su comportamiento infantil, pero si se trata o no de un arrepentimiento a su carrera y si ahora va a empezar a ser bueno lo veremos en su próxima película. Esta es, en el fondo, un poco aburrida. Puedes leer nuestra crítica completa de la obra (y de otras estrenadas estos días en Cannes) aquí.

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