El vídeo que pone voz y pasión al impetuoso amor de Frida Kahlo y Diego Rivera

El vídeo que pone voz y pasión al impetuoso amor de Frida Kahlo y Diego Rivera
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Que la pasión va implícita en el artista es algo obvio y de hecho es un tópico a la hora de representar este rol en películas y demás. Pero lo que no es tan habitual es que pueda reavivarse un sentimiento póstumo de la manera que tenemos ocasión hoy con Frida Kahlo. La peculiar e icónica artista mexicana dejó este mundo en 1953 vuelve de la mano de un vídeo en el que se transmite por completo la devoción por quien fue su marido durante unos años, el muralista Diego Rivera.

Una unión lejos de ser un ejemplo de matrimonio de libro o el romance idílico de cuentos y películas, sino todo lo contrario. Algo que de hecho se ha visto en más artistas mundialmente conocidos como Pablo Picasso, afamado pintor y amante. Así, pese a que la historia de Frida y Diego terminó tras diez años y estuvo salpimentada con vaivenes emocionales y terceras (o cuartas, o quintas) personas, esta narración ilustrada plasma un sentimiento genuino, profundo y, por encima de todo, vital.

El vídeo es un compendio de pequeños cortes de una filmación realizada a ambos personajes en la Casa Azul, la conocida residencia de Frida en México, por el que aparecen tanto por separado como juntos paseando y dedicándose numerosas muestras de cariño. Imágenes tomadas por el fotógrafo Nikolas Muray en las que, además, los protagonistas no dejan de realizar guiños y coquetear con la cámara, sobre todo por parte de la pintora.

El germen de la entrega

Miradas, besos, carantoñas y todo un surtido de comunicación no verbal que logra transportar al espectador a ese preciso instante de falsa intimidad

Las imágenes logran transmitir la fuerza del vínculo entre estas dos figuras representantes del arte latinoamericano de principios del siglo XX. Miradas, besos, carantoñas y todo un surtido de comunicación no verbal que logra transportar al espectador a esa época (con esa poca estabilidad del plano y cortes tan característicos de antaño) y a ese preciso instante de aparente tranquilidad y falsa intimidad, en la que sin embargo no se muestran coartados sino todo lo contrario.

Aunque las imágenes per se y logran que se empatice con el peculiar matrimonio, el vídeo va aderezado con una narración (en inglés). Palabras que, ayudadas por el suave tono de la narradora, están llenas de sentimiento y de auténtica devoción más allá del romanticismo y de los tópicos sentimentalistas pastelosos a los que estamos acostumbrados. No se habla de belleza, de atracción o de mariposas en el estómago: se trata de una plenitud absoluta con respecto a sus sentimientos hacia el que fuera su marido.

Nadie sabrá jamás cómo quiero a Diego. No quiero que nada lo hiera, que nada lo moleste y le quite energía que él necesita para vivir. Vivir como a él le dé la gana. Pintar, ver amar, comer, dormir, sentirse solo, sentirse acompañado; pero nunca quisiera que estuviera triste. Si yo tuviera salud quisiera dársela toda, si yo tuviera juventud toda la podría tomar. No soy solamente la madre, soy el embrión. El germen, la primera célula que -en potencia- lo engendró. Soy él desde las más primitivas y más antiguas células, que con el tiempo se volvieron él. Cada momento él es mi niño, mi niño nacido, cada ratito, diario, de mí misma.

Algo que no es de extrañar cuando se conoce el origen de estas palabras. Sabemos por el Hufftington Post que se trata de un fragmento rescatado del diario de Kahlo. Un apasionado y particular cuaderno de bitácora en el que la artista se desahogaba cuando dejaba a un lado los pinceles para plasmar sus sentimientos con la palabra escrita.

Manuscrito de Frida

Una leña prometedora para un fuego artístico

Frida encontró con Diego una nueva mirada tanto para sus trabajos como para ella misma

Entre artistas no es de extrañar que una unión como ésta se fraguase entre paredes llenas de obras. Concretamente, Frida y Diego coincidieron en exposiciones como la del primer mural de Diego Rivera, en 1922 en el Anfiteatro Simón Bolívar (México). Más o menos intencionadamente, su celestina fue la fotógrafa Tina Modotti, quien los presentó y brindó a Frida una nueva mirada tanto para sus trabajos como para ella misma a medida que se iban encontrando.

Esta unión fue más allá de la confluencia entre dos artistas: convergieron dos mentes en épocas particularmente activas tanto en el campo del arte como en otros, como el de la política. Kahlo se hallaba en un momento en que su pintura había empezado a ser más compleja tras haber superado un grave accidente de autobús (con fracturas en columna vertebral y otras zonas) unos años antes, y Rivera era militante del Partido Comunista de México, agrupación que también contribuyó a la unión de ambos dado que la pintora se incorporó al mismo tras acudir a varias reuniones.

Frida y Diego

El matrimonio duró diez años, desde el 21 de agosto de 1929 hasta 1939, sin hijos (ya a que Frida no podría tenerlos debido a las secuelas del accidente) y apodado como "la unión entre un elefante y una paloma", por la diferencia física entre Rivera y Kahlo (éste era bastante más grande que Frida). Una relación, como decíamos, salpicada por amantes por parte de una y otra parte (Diego llegó a tener una relación con su cuñada), pero que como se percibe por las palabras e imágenes que vemos hoy aquello no amedrentaba la pasión que sentía el uno por el otro.

Cuando Frida cambiaba los óleos por tinta

Puede que fuese su rincón más íntimo de expresión escrita, pero el diario no fue la única prosa que la artista dejó a la posteridad. Frida cruzó numerosas cartas con el que fuese su cirujano en Leo Eloesser. Epístolas que resumieron en un artículo de la BBC de junio de 2015 y en las que vemos, entre otros sentimientos, alusiones a la relación con Diego.

Postal de Frida al Dr. Eloesser

En esta correspondencia se ve también la relación de complicidad entre paciente y facultativo, al cual recurría para confidencias mucho más allá de su salud. Podemos leer, por ejemplo, cómo la artista expresaba la frustración por no poder tener descendencia:

Tenía yo tanta ilusión de tener a un Dieguito que lloré mucho

Frida y Diego

Vemos también algunas confidencias más frívolas, como las que hace en referencia a los hoteles donde se hospedaba en sus viajes a Nueva York y otras localizaciones o con quién prefiere no coincidir (como una tal "Paulette"). Además, hay algunas referencias al acuerdo de divorcio con Diego:

No quiero admitirle ni un centavo a pesar de que él me lo propuso

Estos fragmentos de texto se han encontrado en cartas, estampillas postales y telegramas, todo ello expuesto junto a una colección de fotografías en el Museo casa estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, en Ciudad de México, en una exposición titulada "Ecos de tinta y papel". No obstante, no sólo se conservan estas cartas y telegramas. Además de esto, Frida redactó numerosas cartas a sí misma también en tono de desahogo sobre todo en sus cuatro últimos años de vida.

Los textos encontrados plasman la decadencia y los vaivenes emocionales de Frida

Unos textos que plasman los vaivenes emocionales que se encontraron en una caja de madera pintada y firmada por la pintora, y que se recoge y analiza grafológicamente en su trabajo Sandra Cerro. Un material que, como el vídeo del que hemos hablado, transmiten la fuerza y la intensidad de los sentimientos sin tapujos de una sincera Frida Kahlo de manera directa, tanto por sus manos como por sus gestos. Y que en el caso del vídeo dejan para la posteridad un precioso recuerdo de esta relación tan peculiar como entrañable.

Imágenes | Sandra Cerro
En Magnet | El arte de las cartas para rechazar a los artistas

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