Dulceida y el complejo del salvador blanco: la influencer se pone en el ojo del huracán

Dulceida y el complejo del salvador blanco: la influencer se pone en el ojo del huracán
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La imagen de la influencer mayor de España acaba de sufrir un pequeño revés. En una de sus últimas stories exponiendo su experiencia vacacional por la sabana africana retrató a unos niños keniatas de las inmediaciones de la reserva nacional de Masái Mara posando para ella. Aida Doménech, como nos cuenta, les ha regalado sus gafas de sol. Los chicos sonríen y ella se queda con su recuerdo, así como con un poco de contenido para su Instagram, dicho sea de paso.

La story, ya borrada, ha alimentado la ira de los usuarios de redes sociales, que han interpretado que la famosa se aprovechaba de los niños para promocionar unas gafas. Su madre ha salido horas después en su defensa contando que no se trataba de ninguna campaña. “Esas gafas se las han regalado a ellas, y ellas a su vez se las ha regalado a esos niños porque han querido. Sin más”.

Aun así los más molestos han sacado a colación otras imágenes del retiro africano de la influencer con su mujer en Ciudad del Cabo, la ciudad que sufre la mayor crisis hidrográfica del planeta y el lugar elegido por Alba Paul, su pareja, para retratarse en una bañera hasta arriba de agua. Mientras en las calles hay racionamiento para la población general a razón de 25 litros por persona y día, la pareja se permitía derrochar un bien de primera necesidad.

 

Márketing o no de la vida de la modelo, la foto de los niños africanos pone en el candelero una de las realidades más incómodas de nuestra vida digital en este mundo de profundas desigualdades sociales: el complejo del blanco salvador o el “volunturismo”, la costumbre de los visitantes del primer mundo que viajan a países desfavorecidos de aprovechar el pintoresco contexto para retratarse como buenos samaritanos. Estas escenas nos transmiten una profunda desconexión emocional y una falta de humildad y honestidad por parte de sus protagonistas. Nos parecen aptitudes despreciables sean o no esos los legítimos sentimientos que les han movido a viajar a estos países y disparar sus objetivos.

El volunturismo trata más sobre la realización personal de los hombres y mujeres ricos que acuden a zonas empobrecidas que de la auténtica recuperación de esas zonas y la mejora en la vida de sus habitantes. Tal vez por eso, teorizan algunos, no se sienten incómodos a la hora de fotografiar a niños africanos: su privacidad no se toma con la misma seriedad que la de los niños del primer mundo.

 

Lo más curioso del asunto, probablemente, es que la foto de Dulceida y el mensaje que lo acompañaba podría haber aparecido sin mayor modificación en el epítome de este concepto, la cuenta de Instagram Barbie Saviour. En ella la rubísima muñeca de Mattel abraza a niños marrones, juega a dar clase en chabolas y posa espléndida junto a exóticos animales justo antes de darse un merecido descanso en alguna reserva para turistas occidentales. Una de las fotos de Barbie Savour es, ni más ni menos, la muñeca aprendiendo a bailar ancestrales pasos masáis, justo lo que hizo Dulceida unas horas antes de que estallase la polémica.

 

 

La instagramer y su pareja están de vacaciones en el continente negro. Tiene más de dos millones de seguidores, y como acertadamente ha apuntado su madre "cualquier cosa que Dulceida haga es criticado”. La joven ni siquiera se ha comprometido públicamente a participar en ninguna actividad solidaria durante su viaje y son miles las personas que van cada año como turistas a los resorts africanos a vivir experiencias parecidas. Lo que sí podemos apostar es que la de Badalona tardará mucho antes de volver a subir fotos de niños africanos con su ropa.

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