Así han ganado un asalto los vecinos de Murcia: consiguen que Adif adelante varios meses el soterramiento

Así han ganado un asalto los vecinos de Murcia: consiguen que Adif adelante varios meses el soterramiento

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Los murcianos acaban de ganarse un pequeño respiro. Tras semanas tomando las calles, mientras algunos vecinos recibían palos y otros tiraban abajo las paredes del muro que nadie quiere en su ciudad, Adif ha ratificado al fin que la presión social está venciendo a la autoridad ejecutiva. Acaban de anunciar que el soterramiento no comenzará en 2023 o 2057, sino este mismo noviembre. El mes que viene.

Además han invitado a la Plataforma Pro-Soterramiento a formar parte de la comisión de seguimiento de las obras, para que la supervisión no sea exclusiva de grupos políticos y comisiones de profesionales, sino también de colectivos de afectados. El presidente de la constructora ha anunciado una última cosa: al paso a nivel que había proyectado para comunicar El Carmen y los barrios del sur con el resto de la ciudad se le añade ahora otro paso subterráneo extra para mejorar la “permeabilidad”.

El alzamiento murciano: de dónde viene esta conquista social

Todas estas respuestas tienen como origen la increíble movilización social que se ha vivido en Murcia estos días. Llevaban décadas demandando una mejora de la planificación ferroviaria de la ciudad, haciendo siendo incluso objeto de burla por pedir reconfigurar la estructura de la región. Pero todos a una, ciudadanos de todo símbolo político y clase social, se han estado manifestando durante el último mes en multitud de encuentros cuando le han visto definitivamente las orejas al lobo.

Hablamos del conocido muro de más de 7 kilómetros de alto que ya les estaban construyendo y que representaba una ruptura física de los barrios del sur y sus pedanías con el núcleo principal de Murcia capital. De 400.000 personas que habitan la ciudad, unas 180.000 personas verían de facto su comunicación impedida. La gente no podría ir cómodamente en coche a trabajar, mucho menos acceder de manera peatonal. El desastre urbano que suponía el muro te lo contamos previamente aquí.

Ganada la batalla, ahora toca ganar la guerra

Porque, como muchos habitantes se lamentan amargamente en redes sociales, esta propuesta, aunque bienvenida, es solamente una solución que se queda a medio gas y no responde a las demandas que los más de 50.000 murcianos llevan clamando desde hace un mes. El AVE, han dicho, sigue llegando en superficie pase lo que pase, por mucho que hayan prometido avanzar las fechas de edificación del soterramiento.

La ciudadanía no quiere medidas provisionales ni parches urbanísticos, como llevan diciendo años, sino un plan firme para edificar los siete kilómetros de superficie que necesitan para allanar el camino entre el sur y el centro y cubrir las vías del tren en toda su longitud. Quieren el soterramiento íntegro cuando lo que les acaban de ofrecer es la garantía de un tramo de 500 metros (en realidad planifican más de 1.000, pero los primeros 500 tienen más garantías). En el plan urbanístico anterior al último dictado de Adif ya había proyectados 200 metros.

Por todo esto y por los conocidos remedios arquitectónicos que se han visto erigir en España en este tipo de situaciones, la Plataforma Pro-Soterramiento y resto de organizaciones movilizadoras siguen pidiendo al pueblo que continúen las protestas callejeras hasta que se aporte una solución verdaderamente satisfactoria.

Los murcianos van a ir a Madrid, van a pelearlo en el Parlamento Europeo al que han enviado una solicitud para investigar la adecuación de las obras del soterramiento a la legislación europea, seguirán con sus recogidas de firmas y van a seguir haciendo todo el ruido posible.

Eso sí, una propuesta de diálogo entre la sociedad civil y los constructores y, sobre todo, la garantía de más pasos a nivel, como han confirmado ahora, suponen un mundo para muchos de los habitantes de la Murcia sureña. Para ancianos y personas con movilidad reducida, la diferencia entre poder acceder malamente al centro o tener que quedarse en sus barrios ad infinitum.

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