"Carmen y Lola": la película de amor lésbico entre gitanas denunciada por las propias gitanas

Apenas habíamos salido de la polémica del monólogo estereotipado de Rober Bodegas y la directora nobel Arantxa Echevarría ha protagonizado otra disputa con la comunidad gitana. La semana que viene se estrena en España el debut de Echevarría Carmen y Lola, la historia de amor entre dos adolescentes gitanas que lucharán por defender su identidad frente a las estructuras patriarcales de su rígida comunidad.

Sin embargo, la historia no ha caído bien entre las representantes de asociaciones de este colectivo, y además de lanzarle duras críticas llegaron a lograr, mediante su presión hace unos meses, que la Muestra de Cine y Mujeres de Pamplona retirase la película de su programación. Esta es la cronología del debate:

La historia empezó en mayo, cuando se supo que Carmen y Lola había sido seleccionada para ser exhibida en primicia en el Festival de Cine de Cannes en una de sus muestras paralelas. Echevarría lograba así convertirse en una de los dos únicos cineastas patrios en representar a España en el importante certamen al que se presentan miles de cineastas de todo el mundo cada año.

No sólo era un triunfo para España y para las mujeres de un sector en el que siguen siendo minoritarias, sino que también iba a dar cabida a una cultura poco vista en la gran pantalla. A Echevarría las cosas se le empezaron a torcer durante los primeros días de festival: las críticas de los periodistas cannoises de Carmen y Lola eran en su mayoría tibias, acusando la convencionalidad de una historia que no conseguía aportar nada, como mucho mostrar un folclore (el gitano) que sí trasmitía unos estímulos visuales y orales interesantes, relativamente frescos para las salas de cine.

"Yo no soy tu gitana ni ninguna lo somos"

El gran golpe vino después: la comunidad gitana, o al menos la parte de ella que cabe en la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad y en Afroféminas, hicieron duros artículos que alcanzaron gran difusión donde acusaban a la bilbaína y paya de estereotipar su cultura, arrogarse el rol de salvadora de los gitanos e invisibilizar la realidad gitana en favor de su mirada de feminismo blanco. El extracto de las declaraciones de Echevarría que más molestó decía: “o cuenta una paya la situación de una mujer gitana o no la cuenta nadie, y desgraciadamente tiene que ser una paya quien lo cuente porque ellos no tienen voz”.

Además, y según el texto de la periodista Rebeca Santiago Heredia, en el tiempo de preproducción el director gitano José Heredia le aconsejó eliminar ciertos estereotipos del guión por inciertos y contraproducentes, pero al parecer la directora hizo oídos sordos. El texto de la asociación termina apuntando a un supuesto racismo de la película de Echevarría.

El análisis de la asociación tenía, eso sí, una carencia: criticaba la película sin haberla visto. Eso reprocha Begoña Piña en Público y Philipp Engel en Fotogramas. “Nosotras no hemos visto la película”, afirmó la representante de Gitanas Feministas Carmen Fernández, “pero hemos visto el tráiler y hemos leído sus entrevistas”. Eso les ha valido para elaborar su juicio acerca de la falta de respeto hacia su cultura. Lógicamente, esto ha molestado a la cineasta, que además critica que “los comentarios que me han llegado de este colectivo han sido destructivos, infamantes e insultantes”.

La asociación también recriminaba, “hay cientos de temas [sobre la cultura gitana] de los que hablar y tenéis que hablar de ‘eso’?”, refiriéndose al lesbianismo. La directora se defendió: “Ellas [gitanas lesbianas] me pidieron que por favor contase su historia ya que ellas no pueden. Y eso he hecho, darles voz, y usar las pantallas de cine como un altavoz”.

Curiosamente, las declaraciones de Echevarría podían contradecirse con otros comentarios que había hecho anteriormente, donde decía no haber encontrado a “ninguna gitana lesbiana que se declare públicamente como tal”, aunque pueden encontrarse personas de esta diversidad tanto en la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad como en Ververipen, Rroms por la Diversidad.

De aquí pasamos a junio. La Muestra de Cine y Mujeres que se celebró hace un par de meses en Pamplona tenía planificado exhibir Carmen y Lola por primera vez en España. Según la asociación feminista, la organizadora del festival, IPES Elkartea, les había invitado a participar, pero Echevarría vetó su invitación. La realizadora preveía no sentirse cómoda en la misma sala y enfrentándose verbalmente a una asociación que había generado "comentarios destructivos" contra ella y su película. Aunque inicialmente la película seguía programada, después de que la Asociación hiciese público que habían sido vetadas el festival desprogramó la película y Echevarría tampoco fue a la muestra.

Toda esta discusión dividió entonces a los usuarios. Por una parte, están los que defienden el derecho de un colectivo infrarrepresentado a demandar mayor respeto y visibilización a la hora de tratar temas que les son propios, más cuando se trata cine "de denuncia" como el que encarna Carmen y Lola. Por el otro están los que denuncian que debería defenderse toda vez que historias como esta, tan poco vistas en el audiovisual (sólo se recuerda a otra gitana lesbiana, Alba Flores en Vis a Vis), lleguen al público, aunque no logren cumplir todas las demandas de la comunidad reflejada. Un último grupo sería el de los que creen que, siempre que hablamos de ficción, todo debería estar permitido.

También hay críticas a los periodistas

Y llegamos al momento actual. Ante la inminencia del estreno de la película y también seguramente con el gancho de actualidad que ha supuesto el caso de Rober Bodegas, algunos medios han relanzado la noticia sobre la eliminación de Carmen y Lola de la programación del Festival de Pamplona. El Correo difundía así la noticia de junio que tituló “el boicot de las gitanas feministas impide el estreno en Pamplona de una película sobre lesbianas”. Dentro de la noticia se leía “las presiones de colectivos feministas gitanos se han saldado con su retirada de la programación, consensuada con la directora”.

Esto también ha traído una denuncia pública por parte de la Asociación de Feministas Gitanas por la Igualdad, que piden la rectificación del titular y texto del artículo. Entre otras, La Asociación insiste en que “jamás llamó al boicot”, que no critican la película (que, admiten, no han visto) sino las declaraciones “inexactas y estereotipadas” de la directora sobre su colectivo y que ellas no son las causantes de la desprogramación, sino el órdago y las exigencias de Echevarría a la muestra para no enfrentarse a las gitanas en el coloquio de la película.

Además de todo lo anterior, el espacio de comentarios del vídeo de YouTube del tráiler de la película se ha convertido en un tribunal público absolutamente variopinto sobre lo apropiado o no del argumento de la misma. Gente que se muestra a favor de su programación, gitanas (o personas que se identifican como tal) que ruegan que se estrene una película que “por fin nos representa”, gitanos (según ellos mismos) en contra de la homosexualidad, cristianos incómodos por la “aberración” del tema tratado… o usuarios señalando lo atractivas que son sus protagonistas.

¿Y de qué va la película?

Carmen y Lola cuenta la historia de dos jóvenes de 17 años. Ambas trabajan en los puestos del mercadillo de sus padres, una vendiendo objetos de segunda mano y la otra fruta. Ambas irán conociéndose y viendo despertar una atracción mutua mientras el contexto (sus prometidos, sus padres) las presionan para que se casen lo antes posible y dejen la escuela, ya que las mujeres no necesitan aprender nada más que leer y escribir y su misión en la vida es cuidar de sus maridos e hijos.

De los 103 minutos de duración de la cinta hay colgados 10 minutos en Youtube en forma de clips. En ellos se muestran situaciones pintorescas, una batería de lugares comunes sobre el universo romaní español (los mercadillos, las bodas fastuosas, sus ropas barriobajeras, su machismo y su compromiso con la religión cristiana) que tiene en la psique cualquier payo.

No podemos afirmar que el resto de la cinta que sea así, aunque hemos hablado con Ramón Rey, crítico que sí vio la película en Cannes, y nos confirma que se trataba de una “representación de los gitanos totalmente tradicionalista y exageradamente intolerante”. Que la credibilidad de la obra se resiente por lo manido de los tópicos, pero que al margen de la discusión identitaria la película, Carmen y Lola no es especialmente buena.

La película se estrenará en nuestro país el próximo 7 de septiembre.

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