Seamos claros: el fútbol moderno no tiene nada que hacer frente al fútbol viejuno

Seamos claros: el fútbol moderno no tiene nada que hacer frente al fútbol viejuno

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Seamos claros: el fútbol moderno no tiene nada que hacer frente al fútbol viejuno

Se trata, al fin y al cabo, de la lucha clásica entre el presente y el pasado, de la tensión entre la contemporaneidad y la nostalgia. Mientras el mundo del deporte, y particularmente el fútbol, se vuelve más global y mercantilizado, se alzan voces que añoran la tradición y proclaman odio eterno al fútbol moderno. Pero ¿está justificada esa reivindicación de lo añejo o somos víctimas de la traicionera nostalgia, que embellece un pasado que probablemente no fuera tan maravilloso, un pasado que tal vez ni siquiera vivimos? Llegó el momento de enfrentar, punto por punto, al fútbol actual contra el antiguo para tratar de aclarar el enigma. El debate está abierto.

Equipaciones: todo por el márketing

Camiseta

Cuando hice la primera comunión, me regalaron una equipación del Real Madrid. El uniforme, lógicamente, era un par de tallas mayor de lo que necesitaba entonces, para que pudiera aprovecharlo durante varios años. Yo creo que lo estuve usando hasta que entré en el instituto. ¿A qué niño le convences hoy de que se ponga la camiseta que su equipo llevaba hace tres temporadas? Los diseños cambian cada año y hay que pasar por taquilla para no quedarse desfasado. Eso por no hablar del nombre impreso en la espalda. Mi camiseta de la comunión llevaba un simple 8 cosido por mi madre. Pobre del que comprara el año pasado la elástica de Neymar con toda la ilusión del mundo.

Del Bosque Arteche

La voracidad del márketing conduce incluso a despropósitos como el que presenciamos el pasado domingo, cuando Barcelona y Real Madrid disputaron la ida de la Supercopa con camisetas cuyos colores resultaba difícil de distinguir, al menos a través de la televisión. Daba la impresión de que quien desentonaba, quien no cumplía con el dress code, era el árbitro, que vestía de amarillo. Obviamente, con las camisetas titulares de ambos clubes no habría habido confusión posible, pero la mercadotecnia manda y el Madrid vistió su tercera equipación, de color azul turquesa, para desesperación de los espectadores.

Odio eterno a la obsolescencia textil programada. El primer gol es para el fútbol viejuno.

Fútbol moderno 0 - Fútbol viejuno 1.

Estadios: más seguridad, menos pasión

Hillsborough Así lucían los accesos y la zona de pie del estadio de Hillsborough en 1989.

Se considera que Hillsborough supuso el final de los estadios tal y como los conocíamos. La tragedia ocurrida en 1989 en el campo del Sheffield Wednesday, donde 96 personas murieron aplastadas víctimas de un estadio vetusto y de la negligencia policial, fue el detonante para la transformación de las gradas. La investigación posterior al accidente (el famoso informe Taylor) concluyó que, para evitar que se repitieran hechos similares, debían desaparecer las localidades de pie y las mal llamadas vallas de seguridad, así como implementar sistemas de acceso más estrictos. Con el tiempo, estas medidas se fueron extendiendo a la mayoría de campos del mundo, pese a los recurrentes intentos de resucitar las gradas de pie (en Alemania aún existen y funcionan francamente bien).

Estadio

Los coliseos actuales son indiscutiblemente más seguros, cómodos y modernos. Por otro lado, se echa de menos el ambiente y el calor que transmitían las gradas de los ochenta y principios de los noventa. ¿Cómo va a ser lo mismo lanzar un córner el el viejo Atocha, con el aliento de la multitud en el cogote, que teniendo una pista de atletismo de por medio, como en el flamante Anoeta? La seguridad vino acompañada de un efecto colateral no deseado: la frialdad. No obstante, si ese es el precio que hay que pagar por ver un partido sin temer por la integridad personal, bienvenido sea.

La seguridad iguala el tanteo para el fútbol actual.

Fútbol moderno 1 - Fútbol viejuno 1.

Ultras, go home! (al fin)

Arsenal

Inevitablemente, la transformación de los estadios por motivos de seguridad repercutió en la pasión con que las hinchadas vivían el fútbol. No se disfruta igual un partido de pie, o sentado en un incómodo muro de cemento, que desde una cómoda localidad de polipropileno. Sin embargo, el mayor cambio producido en las gradas en los últimos años es una estupenda noticia. Se trata de la desaparición, o al menos la notable reducción, de los grupos ultras que llenaban los fondos de los estadios españoles durante los ochenta y los noventa con la aquiescencia de las directivas de los clubes, que apoyaban, económica, logística y moralmente, a esas bandas violentas: viajes gratis, recintos prestados en el interior del estadio donde guardar sus pertrechos (banderas y pancartas a menudo ultrajantes) y bastante indulgencia en el trato, hasta el punto de considerarlos unos chicos animosos, quizás un pelín descarriados, pero en el fondo no tan malos.

Heysel

Por suerte, ya no vale la excusa de que animan mucho y de que aportan calor y color a las gradas. Este tipo de gente no tiene sitio en los estadios y su destierro es la mejor noticia del fútbol moderno.

El (principio del) fin de los ultras supone un golazo por toda la escuadra del fútbol contemporáneo.

Fútbol moderno 2 - Fútbol viejuno 1

De los mostachos a los tatuajes

De Jong

Tengo un amigo que dice que cada vez que ve a un futbolista sin tatuar pide un deseo. Y es que la estética de los jugadores ha cambiado mucho en los últimos tiempos. De los bigotes del Tato Abadía y Carmelo Navarro, el Beckenbauer de la Bahía, hemos pasado a las crestas de Balotelli y la espalda ilustrada de Sergio Ramos. Peinados extravagantes, cejas meticulosamente depiladas y tatuajes son hoy el pan nuestro de cada día. Si antes la estética de los jugadores era reflejo de la calle, hoy la calle (alguna calle) sigue la tendencia que marcan ellos. Mi amigo ya casi no puede pedir deseos.

Mostachos >>>>>>>> Tatuajes. Empata el clasicismo.

Fútbol moderno 2 - Fútbol viejuno 2.

Agustin Abadia

Circo mediático: ¿dónde está mi solomillo?

La sentencia que resume el tratamiento actual del fútbol en los medios la pronunció hace unos años Juanma Lillo, elaborador de frases lapidarias y también entrenador. El técnico tolosarra afirmó que en el fútbol moderno “la guarnición se ha comido al solomillo”. Esta vez no le faltaba razón: se da la paradoja de que cuanto más espacio ha ido ganando el fútbol en los medios de comunicación, más banal se ha vuelto su contenido. La presencia del balompié en todo tipo de prensa (especialmente la audiovisual) es apabullante, pero apenas se sabe qué pasa con el solomillo.

Prensa

Hay que reconocer que tampoco lo tienen fácil los medios actuales. Uno se sorprende al ver imágenes de los años ochenta con los periodistas en mitad del césped nada más terminar el partidos, realizando entrevistas o disparando la cámara. Hoy es más difícil hincarle el diente al solomillo, y quizás por eso, en parte, nos entretengamos con la guarnición.

No obstante, todos echamos de menos un buen solomillo: se adelanta el balompié antiguo.

Fútbol moderno 2 - Fútbol viejuno 3.

Seguimiento televisivo: me gusta el fútbol... en casa

En pocos años, el fútbol televisado ha experimentado un cambio drástico. Si a un millennial le cuentas que en los años noventa solamente disfrutábamos de dos partidos de liga televisados cada fin de semana (solo uno antes de la llegada de Canal + en 1990), le costará hacerse a la idea. El resto de partidos los vivíamos a través de la radio, en esos carruseles de fútbol, pitidos, emoción y goles atropellados que se fueron para no volver (lo de ahora es otra cosa, aunque se llame igual).

Todo cambió con la llegada de las plataformas digitales. De repente, podías ver cada semana el partido de tu equipo, sin necesidad de esperar a que el programador de turno tuviera a bien seleccionarlo. Al mismo tiempo, las ligas extranjeras, fundamentalmente la Premier y el Calcio, de las que poco antes apenas teníamos algún resumen escueto, se abrían hueco en los canales de pago. Casi todo el fútbol del mundo al alcance del mando a distancia, hasta hoy. Un sueño para cualquier aficionado al sillón ball.

Este gol va dedicado a Canal Satélite y Vía Digital. Con ellos empezó todo.

Fútbol moderno 3 - Fútbol viejuno 3.

Economía y finanzas: que el ritmo no pare

La irrupción de la televisión conllevó el aterrizaje de dinero a espuertas para los clubes de Primera División. De pronto, cada Betis quería fichar a su Denilson. Como todas las burbujas, esta estalló, quedando un solar en algunos clubes y un desequilibrio cada vez mayor entre los grandes y el resto.

Denilsonlopera

En los últimos años, la llegada de divisas proveniente de acaudalados magnates árabes o rusos ha agitado el panorama europeo, pese a los esfuerzos de la UEFA, con su fair play financiero, por evitar inyecciones de dinero ajeno al fútbol (doping financiero) que perviertan la competición. Ahora el Paris Saint Germain o el Manchester City amenazan la primacía de los clásicos Madrid, Barcelona, Bayern, Juventus y United. Los 222 millones pagados por Neymar son el (pen)último acto de esta loca función. Que el ritmo no pare.

La locura financiera del fútbol moderno se marca un autogol.

Fútbol moderno 3 - Fútbol viejuno 4.

La destrucción de los mitos

Además de la inflación financiera, la irrupción de la televisión de pago tuvo otro efecto colateral menos obvio: la destrucción de los mitos. Cuando el fútbol no era tan accesible, las historias corrían de boca en boca, agrandando la leyenda a medida que se propagaban. Una crónica épica, un gol avistado en la tele o una retransmisión radiofónica bastaban para hacer volar nuestra imaginación. Como el periodista de Liberty Valance, la célebre película de John Ford, nosotros siempre elegíamos la leyenda.

Movil

A Maradona lo idolatramos porque era buenísimo, obviamente, pero también porque no le vimos un partido malo. No hablemos de Le Tissier, objeto de culto predilecto del futbolero indie. Todo lo que nos llegaba de ellos eran filigranas y jugadas inverosímiles. A los astros de hoy los vemos a diario, casi convivimos con ellos, asistimos a sus fortalezas y a sus flaquezas, los sentimos humanos, demasiado humanos. Esta sobreabundancia es una bendición para el aficionado voraz, pero resulta fatal para la mitología. Una característica esencial de los dioses es mantenerse inalcanzables. Ya lo dice Jude Law en su papel de Pío XIII en The Young Pope: "Necesitamos volver a ser prohibitivos, inaccesibles y misteriosos"

Gol del fútbol añejo y mitológico.

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El mayor espectáculo de la historia

Si por espectáculo entendemos ver a Gil y Caneda zurrándose en la puerta de la LFP, es evidente que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ahora bien, hasta el más nostálgico tiene que aceptar que el espectáculo sobre el césped es ahora, generalmente, superior. Es cierto que aquel fútbol menos táctico, con más lugar a la épica, tenía su atractivo, pero había que sufrir marcajes en el límite de la violencia, terrenos a veces impracticables o minutos muertos con el balón corriendo de los pies de los defensas a las manos del portero, y viceversa, con el objetivo de perder tiempo y preservar un marcador favorable.

Dos hechos contribuyeron fundamentalmente a favorecer el espectáculo: la norma que prohibió la cesión al portero, implantada tras el tedioso Mundial de Italia en 1990, y la progresiva protección arbitral a los jugadores más creativos, gracias al endurecimiento de los castigos para acciones violentas por parte de la FIFA. Basta ver un partido de los años ochenta para espantarse por el acoso que sufrían Maradona, Butragueño, Platini o Zico cada vez que tocaban el balón. Algunos marcajes, como el del italiano Gentile a Maradona en el Mundial 82, han pasado a la historia (infame) del deporte. El propio defensa italiano confesaba hace unos años que hoy ese marcaje sería imposible.

¡Viva el espectáculo! Recorta distancias el fútbol de hoy.

Fútbol moderno 4 - Fútbol viejuno 5.

Vínculo club - ciudad: cada día más desdibujado

Se trata de uno de los caballos de batalla de los que defienden la tradición. Todo empezó, probablemente, con la conversión de los clubes en sociedades anónimas, que arrancó a los socios el poder de decisión para entregárselo a quien pusiera la pasta, contribuyendo al desapego del hincha con el equipo de su tierra. Esta medida, seguramente necesaria para la viabilidad del fútbol, acercó además a nuestro deporte a personajes entrañables que no resultaron ser los mesías prometidos. Basta preguntar en Santander o Vitoria por el arribista Dimitri Piterman. Tampoco el continuo trajín de futbolistas (un saludo a los representantes) ayuda a preservar los vínculos.

Liverpool

Por otro lado, como en cualquier ámbito de nuestra vida, la globalización ha influido crucialmente en el mundo del fútbol. Es difícil viajar a Tokio, Estambul, Casablanca o Pekín y no cruzarse con un chaval con la camiseta del Barcelona, Madrid o Manchester United. Los clubes, sobre todo los grandes, cada vez son más universales y han de estar pendientes del mercado global, desdibujándose aún más la identificación con su ciudad. En lugar de jugar trofeos veraniegos en su tierra, con la pertinente presentación en casa, como antaño, los equipos llevan a cabo sus pretemporadas en Estados Unidos o Asia. Es el signo de los tiempos.

Gol cargado de nostalgia. Abre brecha el fútbol de siempre.

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Arbitraje: paso a la tecnología

Si algo se mantiene inalterable en toda esta función es que el personaje más controvertido sigue siendo el árbitro, y no parece que esto vaya a cambiar. El colegiado es la figura contra la que el aficionado descarga su fustración y su rabia. Aunque la evolución (no solo en el color de las camisetas) y la creciente profesionalización del sector es evidente, el fallo es inherente a cualquier actividad humana, y jamás se podrá suprimir. No obstante, en los últimos tiempos se intenta avanzar para rebajar los errores. Primero fue la (¿fallida?) introducción de los jueces de gol y ahora el empleo de la tecnología para dirimir acciones dudosas: el ojo de halcón, para evitar los goles fantasmas, y el polémico VAR.

Los nostálgicos argumentan que cualquier injerencia tecnológica atenta contra la esencia caprichosa del fútbol (“con el VAR, ¿de qué vamos a hablar después del partido?”, argumentaba Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Comité Técnico de Árbitros) y no servirá para erradicar totalmente los errores. Sin embargo, cualquier contribución a que el fútbol sea un poquito más justo ha de ser bienvenida. Tampoco se trata de rearbitrar, sino de tener más elementos de juicio para tomar una decisión sobre la marcha. Obviamente, siempre va a existir el error, pero cualquier paso encaminado a minimizarlo, sin alterar la esencia del juego, tiene que ser a la fuerza positivo.

Ni caso a los luditas: la tecnología nos hará libres. Gol del fútbol moderno.

Fútbol moderno 5 - Fútbol viejuno 6.

La táctica acabó con la épica (o quizás no tanto)

Como ocurre en cualquier deporte, la épica es una parte consustancial del fútbol desde su invención. Pirri con el brazo en cabestrillo, el 12-1 de España a Malta, el United remontando al Bayern en el descuento o Palop rematando un córner a la desesperada son estampas que se nos vienen a la cabeza al conjugar las palabras fútbol y épica en la misma frase. Como señalábamos en el apartado referente al espectáculo, el balompié viejuno, menos táctico y más pasional (ay, la furia), dejaba más lugar a la épica, a los arrebatos insensatos y heroicos. Sin llegar al nivel de deportes como el ciclismo, donde el pinganillo ha cercenado gran parte de la tradicional épica, el tacticismo y el conocimiento profundo del rival dejan cada vez menos lugar a la sorpresa. Pero tampoco dramaticemos: mientras haya dos porterías, un balón y 22 tíos corriendo detrás de él, quedará margen para la épica.

Tactics killed the epic star. Se distancia en el marcador el fútbol tradicional.

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¿Se fue al carajo la autenticidad?

“Consecuente consigo mismo, que se muestra tal y como es”. Así define la RAE, en su segunda acepción, el término “auténtico”. Si nos atenemos a este enunciado, y volviendo a la guarnición de Lillo, podríamos afirmar que el fútbol ha perdido en los últimos tiempos parte de su esencia. La impostura ha ganado terreno a la espontaneidad. Fijémonos, por ejemplo, en las celebraciones de los goles. Antes se trataba de explosiones de júbilo espontáneas: saltos, puños al aire y melés improvisadas de jugadores. Ahora, demasiado a menudo, la naturalidad es devorada por el artificio y las celebraciones se convierten en coreografías diseñadas previamente (hasta que llega Puyol y acaba con la tontería).

Siempre he pensado que todo empezó con el hijo de Bebeto, aunque él no tenga la culpa de nada. Jugaban Brasil y Holanda los cuartos de final del Mundial de 1994 cuando Bebeto marcó un gol y se le ocurrió celebrarlo con un balanceo de brazos, imitando el acto de acunar a un bebé, en homenaje a su recién nacida criatura. En seguida se unieron a la celebración sus compañeros Romario y Mazinho y la simpática coreografía, realizada en el mayor escaparate del mundo, ante 92.000 espectadores en directo y millones de televidentes, tuvo una repercusión extraordinaria, convirtiéndose en el probable germen del aluvión de celebraciones de diseño que vinieron después. Por cierto, aquel niño tiene ya 23 años y juega en el Sporting de Portugal con el nombre de Mattheus Oliveira. ¡23 años!: eso sí que es un golpe duro para los viejunos.

Romario Bebeto 770x438

El último gol va por Tardelli y Juanito, por la alegría incontenible. Pitido final.

Fútbol moderno 5 - Fútbol viejuno 8.

Entonces, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

Como ocurre con casi cualquier tema, esto depende del cristal con que se mire. Comparar diferentes épocas es complicado y siempre tiene algo de injusto. ¿Fue mejor Di Stefano que Messi? ¿Pelé que Maradona? ¿Era más disfrutable el fútbol antiguo, más lento, menos físico, menos subordinado al dinero? ¿Hace tiempo que la guarnición engulló al solomillo, como asegura Lillo? Quizás, para cada uno, el mejor fútbol sea aquel con el que creció, con el que vivió las primeras emociones y los primeros desengaños. El primer beso y la primera alegría futbolera (un gol, un título, un ascenso, una remontada) son cosas que nunca se olvidan. A veces no se echa de menos realmente una época, sino cómo éramos nosotros entonces y cómo disfrutábamos del fútbol y de la vida. Acaso lo que más añoremos del fútbol viejuno sea que teníamos más pelo.

Fotos | Frankinho, nahweeyang, Ronnie Macdonald, l3o_, Nacho,Retinafunk, Kevin Walsh, Ben Sutherland

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