La escena clave de 'Por trece razones' no es gratuita: los motivos detrás de un suicidio tan gráfico

La escena clave de 'Por trece razones' no es gratuita: los motivos detrás de un suicidio tan gráfico
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Desde hace unas semanas, hay una serie de temática adolescente que está dominando todas las conversaciones en redes sociales. Y que parece haber sucedido a 'Stranger Things' como el título que todos tus amigos ya han visto y que tienes que ver si no quieres quedarte fuera de sus charlas. Esa serie es 'Por trece razones', adaptación de Netflix de un libro de Jay Asher cuya protagonista es una chica que acaba de suicidarse.

El protagonista, en realidad, es Clay, un joven tímido que recibe un día una caja con siete cintas de casette en las que Hannah ha grabado trece razones por las que decidió quitarse la vida, cada una ejemplificada en un compañero diferente del instituto. Con cada cara que Clay escucha, se va pintando un panorama de acoso, desprecios, bullying y hasta de una clara cultura de la violación en el centro que, finalmente, empuja a Hannah al suicidio. Y todo esto ha levantado una agria polémica, sobre todo en Estados Unidos.

"Niños, no veais 'Por trece razones'"

La serie ha sido todo un acierto para Netflix, generando el nivel de ruido en redes sociales y en medios de comunicación que distingue sus éxitos del resto de estrenos, pero conforme las primeras críticas elogiosas daban paso a la obsesión de internet por la serie, empezaban a surgir voces que creen que 'Por trece razones' puede hacer mucho daño.

Unos de los últimos en expresar su preocupación han sido algunos institutos en Estados Unidos. Uno en Montclair (Nueva Jersey) envió una carta a los padres de sus alumnos pidiéndoles que estuvieran alerta con 'Por trece razones' porque "aunque la serie es ficción, es extremadamente gráfica, incluyendo varias escenas de violación, y suscita dudas importantes sobre la seguridad emocional de quienes la ven".

bullying Un momento de 'Por trece razones' en el que vemos el "bullying" que sufre Hannah.

Se ha criticado también que no se muestre ninguna opción de apoyo a la salud mental para Hannah, y la Fundación Nacional de Salud Mental de la Juventud de Australia ha incluido en su web un aviso sobre "el contenido peligroso" de la serie. Ese aviso expresa su preocupación de que 'Por trece razones' genere un efecto de contagio que está, precisamente, detrás de la política de los medios de comunicación para no informar de los suicidios.

"'Por trece razones' es una serie necesaria"

En el otro extremo se encuentran los defensores de la serie, los que creen que es importante hablar sin eufemismos de estos temas para poder ofrecer ayuda real a los adolescentes que la necesiten. La crítica de Variety, por ejemplo, la consideraba necesaria, y uno de los guionistas de la serie, Nic Sheff, defendió en Vanity Fair, sobre todo, la manera tan directa y explícita con la que se muestra el suicidio de Hannah.

Sheff contaba en la revista la manera en la que él mismo había intentado quitarse la vida, años atrás, y cómo el recuerdo de una joven que contó su propio intento de suicidio le hizo dar marcha atrás: "Toda la historia volvió a mí con gran detalle. Fue un recordatorio instantáneo de que el suicidio nunca es pacífico ni indoloro, sino que, en su lugar, es un final espantoso y violento a todos los sueños, esperanzas y posibilidades para el futuro. Esa memoria me vino como un shock. Me dejó atónito. Y me salvó la vida".

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Desde su estreno, y en cuanto quedó claro cuál iba a ser su tema, ya podía uno imaginarse que 'Por trece razones' iba a ser muy polémica. El suicidio adolescente es un asunto muy delicado en todo el mundo, y en Estados Unidos, todavía más. En abril de 2016, por ejemplo, un estudio del CDC concluyó que la tasa de suicidios en el país había crecido hasta 13 por cada 100.000 habitantes en 2014, de los 10,5 por 100.000 registrada en 1999. Y el grupo más afectado por ese aumento eran las chicas adolescentes. En concreto, se había triplicado la tasa de suicidios en niñas de entre 10 y 14 años en quince años.

Es comprensible, por tanto, que 'Por trece razones' haya generado semejante controversia. ¿Pero está justificada?

Una buena y frustrante serie

La principal impulsora de 'Por trece razones' es la cantante y actriz Selena Gómez, para la que el libro de Jay Asher fue muy importante en sus propios problemas personales. Llegó a suspender su última gira para centrarse en su salud mental, según afirmaban entonces las revistas de cotilleo, y en todas las entrevistas de promoción que ha dado, ha resaltado siempre la relevancia que la serie tiene para ella a un nivel personal.

Como serie de televisión, 'Por trece razones' es muy efectiva y, sobre todo al inicio, logra que el retrato de Hannah esté muy cuidado. Su intérprete, Katherine Langford, es el gran descubrimiento, al transmitir la evolución emocional de Hannah desde la chica sarcástica y animada del principio, a la joven abrumada por su situación y por el clima del instituto hasta tal punto, que se quita la vida de la manera más dolorosa posible.

Peca, como muchas otras series de Netflix, de alargar demasiado su historia para que dé para trece episodios; eso hace que algunos aspectos resulten repetitivos y frustrantes, y el intento de construir un misterio alrededor de lo que Hannah puede contar en alguna de las cintas tampoco acaba de funcionar. Y es cierto que ocurre algo al principio del último episodio que puede ser bastante problemático.

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'Por trece razones', a veces, resulta incómoda de ver, especialmente en la manera en la que nos obliga a afrontar, cara a cara, las consecuencias que tiene la cultura imperante en el instituto; una cultura en la que las chicas son tratadas como posesiones sin sentimientos por los chicos, en la que es muy fácil que se les cuelgue a ellas la etiqueta de "fáciles" y "putones", y el daño emocional que esa reputación puede causar. Es necesario, a veces, ser así de directo para que los espectadores abran los ojos a esa realidad.

Se entiende que haya personas a las que dicha realidad reflejada en la serie les resulte alarmante, y ahí, en ese desafío a la "seguridad emocional" del espectador que apuntaba la carta del instituto de Montclair, parecen residir buena parte de las críticas hacia la serie. Su implacable representación, sobre todo, de la violencia sexual da, desde luego, que pensar.

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