Norris-Bittaker: el espantoso audio que utiliza el FBI para testar los límites de sus futuros agentes

Norris-Bittaker: el espantoso audio que utiliza el FBI para testar los límites de sus futuros agentes

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Son tiempos de criminales brutales e incomprensibles. De asesinos en serie. Hemos vuelto a hablar de ellos por Mindhunter, la serie que explora los inicios de las ciencias conductuales al respecto de este perfil criminal. Pero también acaba de morir Charles Manson, una de las principales figuras de nuestra cultura y, tal vez rivalizando con Jack el Destripador, el asesino sin justificación aparente para realizar sus homicidios más popular de la historia.

Tal vez por todo esto haya vuelto a discutirse en Reddit sobre la historia de uno de los crímenes más dramáticos de la historia de los Estados Unidos. No por los simples acontecimientos del caso (una serie de torturas, violación y asesinato de jóvenes mujeres no son nada del otro jueves en el mundo de los asesinos en serie), sino porque el material gráfico que los asesinos dejaron tras sus crímenes rompieron los límites mentales de mucha gente y llegaron a cambiar las reglas del juego de los agentes del FBI.

Toolox Killers

En el verano de 1979 Roy Norris y Larry Bittaker asesinaron a cinco adolescentes californianas. Era una época en la que todavía no había tanto miedo a hacer autostop. Las atraían a sus caravanas y después las secuestraban, torturaban y abusaban sexualmente hasta que sus cuerpos no daban más de sí y espiraban su último aliento. Les apodaron como “los asesinos de la caja de herramientas” y tenían una especial fijación por las zonas erógenas femeninas y los alicates. En ese orden.

Su última víctima conocida, para la que ya tenían bastante experiencia torturadora, fue Shirley Lynette Ledford, de 16 años. Sus asesinos grabaron el audio de aquel terrible y último episodio de su vida, que duró aproximadamente quince minutos. La cinta no está dispuesta para el público general, pero tuvieron que escucharla los miembros del jurado del juicio al que se sometió a los asesinos dos años más tarde.

El sonido de la crueldad más intolerable

Es por esta audición judicial por lo que se explica que la cinta ha trascendido. Aunque puede leerse una transcripción de lo que aparece en la grabación, es recomendable no detenerse en los hechos. Nos vale con quedarnos con que la joven Ledford tuvo que sufrir multitud de ataques, desde la sodomización hasta el repetido golpeo de martillo de una mano y un codo. Las últimas palabras inteligibles de la joven fueron “matadme ya”.

En la grabación audiovisual del exterior del juicio Norris-Bittaker podemos ver cómo muchos asistentes salen de la sala a mitad de audición. No pueden soportarlo. A algunos de ellos se les ve llorando, diciendo que nada en esta vida les había preparado para oír aquello. Otros vomitan.

Mientras transcurría la audición Bittaker, subido al estrado, sonreía. Para él aquella cinta era la prueba final de que la chica, su compañero y él habían vivido un excitante trío amoroso. Que la joven pidiese que la matasen no es otra cosa que la prueba definitiva de que él y su compinche sólo habían cumplido con su deseo.

Stephen Kay, el experimentado fiscal en el juicio, dijo que aquel había sido el peor caso con el que se había cruzado en su vida. Afirmó también que, de todos los hombres que habían pisado el pabellón de la muerte en el condado de California, nadie se merecía recibir la pena capital más que Bittaker. Tras las muchas entrevistas que le hicieron después del caso, Kay contó varias veces la pesadilla recurrente que le atormentó durante dos años: mujeres gritando con la vívida voz de la joven Shirley, sufriendo lo indecible, y a las que nunca llegaba a salvar por llegar demasiado tarde.

El detective principal del caso, Paul Bynum, ni siquiera pudo aguantarlo. A sus 39 años se suicidó. En su nota final, Bynum dejó por escrito que no podía soportar la idea de un mundo en el que gente como aquellos criminales pudieran librarse de la cárcel.

La grabación que llegó hasta el Silencio de los Corderos

Clarice Starling And Jack Crawford

La cinta de Norris-Bittaker también han llegado a nuestra cultura popular de forma indirecta. Ésta fue una fuente de inspiración para el personaje del agente Crawford (el compañero masculino de Clarice Starling) en El silencio de los corderos.

El director Jonathan Demme era amigo de un miembro de la agencia de inteligencia estadounidense, que le facilitó una copia del audio del crimen. Demme se la hizo escuchar a Scott Glenn para que fuese capaz de comprender mejor el grado de derrota moral que presentan los empleados más veteranos de la unidad de ciencias del comportamiento.

Según contó el actor en una entrevista posterior, apenas tardó unos minutos en empezar a oír la cinta para intentar saltar al otro lado de la mesa y pegarle un puñetazo en la cara a Demm por someterle a aquello. Al finalizar la cinta Glenn rompió a llorar y desde entonces se convirtió en un firme defensor de la pena de muerte.

Una pieza clave en la historia de las ciencias conductuales

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Aquel agente del FBI que ofreció la cinta para el desarrollo interpretativo de Glenn fue John Douglas. Él es también el autor del libro Mindhunter en el que, precisamente, se basa la serie homónima. El personaje principal de la serie de Netflix está fuertemente inspirado en este profesional, uno de los primeros investigadores de la psicología y los perfiles mentales de los criminales en serie. Si nos fiamos de su criterio, Bittaker fue el individuo más inquietante sobre el que alguna vez se haya investigado.

Como habíamos dicho, esta grabación lo cambió todo. Según el Times Union, esta es una de las pruebas de insensibilización que se siguen utilizando para los futuros agentes del FBI en Virginia, para que comprendan la naturaleza en muchos casos nauseabunda de su trabajo, de ponerse en la piel de las personas más inhumanas de la tierra… y comprender sus intereses y motivaciones.

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