¿Se ha vuelto el feminismo más puritano? Feministas de distintas corrientes responden a esta idea

¿Se ha vuelto el feminismo más puritano? Feministas de distintas corrientes responden a esta idea

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Han hecho falta tres meses (y decenas de hombres acusados por el camino) para que aparezca una voz discordante dentro del feminismo con el #MeToo. La crítica ha venido de Francia, uno de los países donde más se han movilizado las mujeres para desenmascarar conductas de hombres poderosos, y sus emisoras han sido una centena de intelectuales y artistas de las que algunas (no todas, como se ha dicho en muchos medios) se identifican a sí mismas como feministas y que encarnan un corpus identitario multiforme pero con el liberalismo como denominador vertebrador más o menos común.

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En su manifiesto “contra el puritanismo sexual” rechazan las violaciones, pero al tiempo critican el #MeToo por haber iniciado, según afirman, una “caza de brujas” donde los hombres ya no tienen ni la posibilidad de defenderse. Además, el movimiento hollywoodiense contra el acoso promulgaría con sus gestos un feminismo que reduce a las mujeres a un papel de víctimas sin capacidad de agencia.

“Hombres castigados en el ejercicio de su profesión, obligados a renunciar a sus empleos, etcétera. Cuando sus únicos fallos han sido tocar una rodilla, intentar robar un beso, hablar de cosas "íntimas" en una cena de trabajo, o enviar mensajes con connotaciones sexuales a mujeres para las que la atracción no era mutua". "Defendemos una libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual", firman.

Todos los telediarios han dado espacios especiales a este movimiento, dos páginas para algunos periódicos en prensa escrita. Aquí ya se explica quiénes son algunas de las firmantes y aquí también se muestra por qué no es tan sorprendente que la famosa musa de la nouvelle vague capitanee este manifiesto. Las reacciones del resto de feministas de aquí y de más allá no se han hecho esperar.

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Al hilo del clima de debate iniciado hemos querido entrevistar a dos feministas que defiendan ambas posturas. Primero, saber qué argumentan las que defienden que el movimiento actual puede tener un componente negativo y qué las que opinan que el MeToo y todo lo que le rodea no perjudica, sino que más bien beneficia a la lucha de las mujeres.

Loola Pérez, conocida en redes como Doctora Glas, es una de las pocas (poquísimas) voces feministas que hemos encontrado que apoyen de una manera u otra el discurso del manifiesto francés. Es filósofa e integradora social especializada en violencia sexual y educación afectivo-sexual, así como presidenta de la asociación Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia 8 de marzo, y suele causar bastante revuelo tocando temas espinosos desde su cuenta de Twitter.

Para ella, la llegada de este mensaje es una buena señal, “la muestra de que el feminismo está más vivo que nunca, que se atreve a abrir debates y a disentir con determinados posicionamientos internos”. Ahora bien, no está de acuerdo con que el mensaje se haya lanzado como respuesta de crítica al movimiento #MeToo. “Atacar esto es un gran error. Romper con el silencio del acoso y del abuso sexual en una industria como la de Hollywood no debe ser nada fácil”.

Laura Freixas defiende justo lo contrario. "No me ha parecido bien que aparezca el manifiesto, pero por otra parte es totalmente previsible. Siempre que hay un avance feminista hay una reacción patriarcal y suele encarnarse en mujeres porque al mismo sistema le resulta más útil que sean mujeres, aparentemente espontáneas, quienes defiendan esos intereses".

Freixas es una veterana del movimiento y una reconocida escritora y articulista. Además de sus libros, sus textos aparecen en las páginas de Babelia o La Vanguardia, es cofundadora en 2009 de la asociación Clásicas y Modernas y defiende un feminismo sobre todo enmarcado en el contexto cultural.

"A mí este manifiesto me recuerda irresistiblemente al enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent", nos cuenta. "No fue casual que quienes se oponían al voto femenino se valiesen de Kent para hacerla portavoz porque sabían que daba una imagen mucho más convincente que lo que hubiese trasmitido la imagen de un hombre negándole el derecho de voto a las mujeres. Cuando afloran estas ideas se da una imagen de enfrentamiento y crean polémicas innecesarias. Crean la impresión de que es un problema de las mujeres cuando lo es de la sociedad".

¿Estáis de acuerdo con la idea de que existe un nuevo feminismo puritano?

Para Pérez, a lo que se pueden referir las francesas es a esa nueva sexualidad femenina que se promulga desde el feminismo y que en realidad sigue anclada en los patrones del pasado. "Existe un feminismo hegemónico que bebe de la corriente radical y cultural, de tradición norteamericana, que festeja las ideas de Andrea Dworkin y Catherine MacKinnon. Creo que es aquí donde encontramos esa nostalgia puritana. Seguimos atrapados en códigos burgueses, en la idealización de la buena chica, en la idea de que el sexo es una amenaza para la mujer si no se hace por amor... Molestan las actrices porno, las trabajadoras sexuales y hasta quienes defendemos sus derechos humanos somos vistas como enemigas para este feminismo de corte puritano".

Freixas, veterana del movimiento, nos dice que "la acusación de puritanismo siempre se le ha hecho al feminismo, no es para nada nuevo. Emana de una visión patriarcal de la sexualidad donde los hombres son los sujetos activos que toman la iniciativa mientras que las mujeres tienen como papel recibir o aceptar iniciativas masculinas".

"Molestan las actrices porno, las trabajadoras sexuales y hasta quienes defendemos sus derechos para este feminismo de corte puritano".

"Lo que dicen al hablar de un derecho a importunar es, o aceptáis el cortejo en términos patriarcales o estáis rechazando la sexualidad", continúa. "Cuando nos acusan de ser puritanas por no aceptar que nos roben un beso es porque nos ven como conejitos de Playboy, y si nos negamos a ser eso se imaginan que somos puritanas y asexuadas. Afortunadamente hay muchas formas de sexualidad más igualitarias, libres y placenteras que esa sexualidad perversa que nos intentan vender".

Pérez también le ve carencias al modelo de sexualidad que subyace en esa frase del "derecho a importunar": "la erótica masculina se rige generalmente por muchos significados machistas: potencia, tamaño, vigorosidad, competición… Esto ya no es sexy, al revés, es tan infantil, tan grotesco… al menos, para nosotras. Lo que debemos hacer es preguntarnos qué sentido de la seducción tan pobre tienen los hombres para creer que una foto (porque sí) de su pene va a molarnos. Eso sí, no podemos comparar una violación con el hecho de que un tío te envíe una foto de su pene sin pedirlo. Entiendo que esto pueda ser desagradable para muchas mujeres, pero no es una violación. Las fotos de penes no violan".

¿Debería haber, entonces, un “derecho a importunar”, como defienden estas mujeres?

Con sus palabras, las manifestantes representaban una corriente de pensamiento por la que se teme que ya no haya espacio para el cortejo.

Pérez, quien veía bien que apareciese el manifiesto, no está de acuerdo en este punto. "No entiendo por qué debemos hablar del derecho a molestar a alguien. Un no es un no. ¿Por qué cuesta tanto que muchos hombres entiendan eso?".

Pero va más allá, criticando también esa sugerencia de que debería permitirse el flirteo incluso de los jefes con sus trabajadores, de un productor de cine hacia las actrices. "No podemos sujetar la libertad a la dependencia de figuras de autoridad. Se llamen Harvey Weinstein o Don Paco. Cuando un productor te dice que si no te acuestas con él no va a darte un papel o va a hablar mal de ti a sus contactos, a usar la rumorología para atacar tu profesionalidad, estamos en el terreno de esas violencias que tienen un carácter invisible porque ocurren en el espacio privado. Ahí te ves sola, acorralada… Y eso no es seducción, no es ligar, no es una mala experiencia sexual: se llama acoso sexual".

"Ante un problema gravísimo y obvio me parece injustificado que haya quien tome la defensa de los agresores".

Freixas lo ve igual, el problemático diálogo sobre los cortejos cuando hablamos de personas conectadas por una relación de poder asimétrica. "Se da una evidencia abrumadora de abusos de poder de no todos pero sí muchos hombres en distintos grados y esto se produce, entre otras cosas, por una sexualidad culturalmente entendida como una demostración de poder y no de placer. Aunque sean distintos grados es el mismo problema el de Harvey Weinstein que el de Diana Quer, así que ante un problema gravísimo y obvio me parece injustificado que haya quien tome la defensa de los agresores".

El MeToo, las rodillas y las acusaciones desmedidas

Las intelectuales francesas han dicho que hay hombres que se han visto “obligados a dimitir por haber tocado una rodilla o intentado robar un beso”. Sobre esta afirmación, nuestras encuestadas también coinciden.

Habla Pérez: "eso es una exageración, ¿qué hombre ha sido obligado a dimitir por tocar una rodilla? Quiero saber el nombre. Afirmar esto es sumamente alarmista y no tiene, bajo mi juicio, ninguna credibilidad".

Freixas dice que afirmar algo así "da risa. A lo mejor, en un caso concreto, lo único que una mujer ha podido demostrar es un hecho anecdótico como ese, pero lo que no reflejan en el manifiesto es el estigma, la vergüenza, la burla que suscita una mujer cuando denuncia algo así, por eso no es verosímil que haya mujeres que hagan esas acusaciones únicamente por venganza. Afirmar que se despide a alguien por tocar una rodilla me parece demostrar mala fe".

Abstrayéndose del relato que expresaron las francesas, Freixas quiere ir más allá, al efecto que se consigue utilizando un caso de violencia de baja intensidad para desactivar ideológicamente una lucha contra el abuso que engloba muchas situaciones distintas.

"Lo que hay que preocuparse es por Ciudad Juárez".

"Aunque esto hubiese ocurrido alguna vez, por lo que hay que preocuparse es por Ciudad Juárez, por por qué no se habla de los 400 ataques sexuales que había sólo en la zona de Diana Quer, por que en Rabat se pongan autobuses especiales para evitar abusos sexuales, como ya ha pasado con una mujer a la que violaron en grupo sin que nadie a su alrededor hiciese nada... Que unas feministas salgan a defender a un hipotético señor despedido por tocar una rodilla en este clima me parece hipócrita. Daría risa si no fuera indignante. Quienes defienden esta postura no defienden la libertad sexual, sino la libertad sexual de los hombres".

Ese feminismo odiahombres

Por estar firmado por mujeres que se reconocen como feministas, el texto de las cien intelectuales materializaba una idea que mucha gente a día de hoy comparte. La filósofa Peggy Sastre, una de las firmantes, decía: “el feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena”.

Loola Pérez, sin ser tan tajante, ve ese mismo problema: "el feminismo no odia a los hombres, busca la igualdad entre mujeres y hombres, pero creo que existen personas que, dentro del feminismo, lanzan mensajes poco rigurosos.

"En las redes sociales leo 'los hombres son violadores en potencia' y eso es una soberana estupidez".

"Hay corrientes feministas, la cultural/radical sobre todo, que están fragmentando las relaciones entre mujeres y hombres. En las redes sociales leo “los hombres son violadores en potencia” y eso es una soberana estupidez. La violación es cultural. Un tío no nace para violador, se hace violador. La violación se aprende porque el machismo se aprende. La expresión "violadores en potencia" que usan muchas feministas genera pánico social y evita poner el foco en la cultura, en el machismo.

Freixas ve lógico que haya voces que defiendan ese exceso feminista: "siempre que se dan una serie de conquistas feministas surge una corriente reaccionaria que es lógica dentro del esquema patriarcal, por aquellos que temen perder sus privilegios".

¿Y es el feminismo una ideología que censure la defensa de ciertas posturas?

Pérez dice, "las nuevas tecnologías han cambiado la forma en la que nos comunicamos y a veces la mayor de las censuras se hace a través de la proliferación de las noticias falsas o cayendo en la absoluta corrección política. Al final, esto se traduce en una falta de diálogo, pero ojo, en el feminismo hay diversidad y espacio para la disidencia. Camille Paglia es un excelente ejemplo".

"A veces la mayor de las censuras se hace a través de la proliferación de las noticias falsas o cayendo en la absoluta corrección política".

"El dogmatismo está presente en muchas ideologías y movimientos sociales, no es exclusivo del feminismo. Pensar que el feminismo es perfecto, que no toma decisiones equivocadas o que posee la verdad absoluta, es bastante idealista. Esto no significa que el feminismo sea negativo, al revés, es sumamente necesario".

Freixas niega la mayor: "¿quién no puede expresar opiniones diversas? El manifiesto este ha salido a doble página en todos los periódicos. Que me expliquen entonces cuáles son esas opiniones que no se pueden decir".

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