Bienvenido al alucinante mundo del voguing: el rugido underground LGBT que inunda la cultura de 2017

Bienvenido al alucinante mundo del voguing: el rugido underground LGBT que inunda la cultura de 2017

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Hace tan solo unas semanas saltaba a las redes la noticia de que Ryan Murphy, el conocido productor televisivo que está detrás de conocidas series de televisión como American Horror Story o Feud, iba a producir para FX y a comienzos de 2018 una serie llamada Pose.

Lo llamativo de Pose no es sólo que ahondará, entre otros temas, en el surgimiento de la cultura ballroom a finales de los años ochenta (una subcultura nacida en Harlem, propia de determinadas personas LGBT de raza negra o latina), sino que iba a incluir en su reparto a cinco actrices trans, todo un hito en una televisión que, a pesar de haber obrado grandes avances en materia de diversidad, todavía tiene mucho que hacer y mucho más que ejemplarizar.

Pose homenajeará a la escena ballroom y se convertirá en un hito de la televisión.

Dichas actrices, junto a tres actores más (todos ellos de raza negra), interpretarán a algunos de los personajes que protagonizarán en la serie las escenas relativas al ballroom, un lugar de aceptación y liberación al que acuden históricamente sus miembros para participar en diversas competiciones basadas en su apariencia, su forma de caminar o de bailar.

Por si fuera poco, esta producción firmada por los guionistas Steven Canals (cocreador de la serie) y Our Lady J (mujer trans y guionista de Transparent) cuenta con una serie de consultores procedentes de la escena ballroom (Michael Roberson, Twiggy Pucci Garçon, Hector Xtravaganza...) que les ayudarán a desarrollar auténticas historias dignas de este mundo y llenar las escenas de 'Pose' de miembros reales de la escena ballroom neoyorquina.

Aunque Ryan Murphy dirigirá el primer episodio, el resto de los episodios que compondrán su primera temporada lo dirigirán directores trans procedentes del programa de orientación en dirección creado por el propio Murphy. Por último, y no menos importante, las escenas de baile que veremos en Pose serán coreografiadas por dos leyendas de la escena ballroom, Danielle Polanco y Leiomy Maldonado.

(Inxi Prodigy y Lasseindra Ninja se enfrentan en la final de vogue femme en Streetstar 2013, Estocolmo).

De esta forma, por primera vez una producción de entretenimiento de primer nivel (tanto en previsible calidad como en visibilidad) no solo representará una escena underground profundamente maltratada por los agentes generalistas a lo largo de la historia, sino que lo hará reconociendo y homenajeando sus bases, contando con productores, guionistas, directores, actores y bailarines LGBT, siendo la mayoría de ellos no blancos y pertenecientes a la misma cultura ballroom que pretende representar.

En realidad ya te has cruzado con el voguing (gracias a Katy Perry y Netflix).

Esto tiene una implicaciones socioculturales tremendamente afirmativas para esta cultura, de la cual se han extraído históricamente y de forma casual sus elementos más espectaculares para incorporarlos gratuitamente en obras musicales, audiovisuales y, en general, artísticas, sin reconocer y mucho menos beneficiar a sus auténticos responsables y protagonistas. La apropiación cultural sufrida por el ballroom ha sido extensa, voraz y codiciosa, pero todo apunta a que Pose servirá como mecanismo de reconocimiento de su historia, su significado y sus prácticas de una forma que es necesaria y, a finales de 2017, muy lógica.

Al fin y al cabo, en los últimos años la incorporación positiva de la cultura ballroom en la popular ha sido creciente y, cada vez, más notoria, si bien no siempre se ha acreditado su existencia como se debería. Visible en conocidos singles (y, en determinados casos, sus respectivos videoclips) como Glass & Patron de FKA Twigs, Tens de Jennifer Lopez o All Night de Icona Pop; en espectáculos como en el Anti World Tour de Rihanna o en la última aparición de Katy Perry en el Saturday Night Live; en ficciones como The Get Down de Netflix; y en programas de televisión como RuPaul's Drag Race.

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La cultura ballroom comienza a vivir un proceso de admisión en los consumos culturales de todos, motivado por razones que van desde la liberación de los límites culturales actuales a la recurrencia de las modas.

Es probable que, no obstante, la mayor razón que explique mejor esta renovada visibilidad de la cultura ballroom se deba a su ecléctico apartado visual y su facilidad para convertirse en objeto viral en las redes. Y es que, de todos los elementos que componen la cultura ballroom, el más expresivo y espectacular de todos ellos es el voguing, el estilo de danza propio de los miembros de la cultura ballroom que no solo es la mayor atracción de las balls sino que también triunfa en YouTube o Instagram

Es en estas plataformas donde las hands performance de Aya y Bambi Sato, la famosa batalla entre Wonder Woman y Sailor Moon (Lasseindra Ninja e Inxi Prodigy) o los centenares de vídeos del canal Ballroom Throwbacks generan millones de visitas procedentes de espectadores que, en muchos casos, no tienen ni idea de lo que están viendo. Pero deberían. En 2017 ya no podemos ignorar ni al vogue como danza LGBT ni a la cultura ballroom como un subapartado de la cultura popular, y este es el porqué.

(Leiomy Maldonado, madre de la House of Amazon. Nueva York, 2015).

Qué es el voguing y por qué es importante reconocer sus orígenes en la cultura ballroom

A pesar de que no se ha dado a conocer en determinados ámbitos hasta hace poco, el voguing es un estilo de baile que no es particularmente nuevo y que vive en constante evolución.

Podemos rastrear sus orígenes de forma gráfica hasta el aclamado documental de Jennie Livingston titulado Paris is Burning (cuya imagen encabeza este artículo), una obra de culto para la comunidad LGTB que nos muestra diversas facetas de la escena ballroom de finales de los años ochenta a través de los ojos de algunos de sus principales representantes como Dorian Corey, Pepper Labeija o Angie Xtravaganza.

Entre ellos estaba Willi Ninja, "Mother" de la House of Ninja y considerado el padrino del voguing, quien refinó y desarrolló el estilo de una danza que inspiraría a Madonna a la hora de crear su single y posterior videoclip Vogue. Curiosamente, y aunque es innegable que ayudaron a dar visibilidad a su cultura, la escena ballroom aún mira con reticencia tanto a la canción como al documental al considerar que se convirtieron en éxitos comerciales a sus expensas ya que, argumentan, no se vieron beneficiados ni social ni económicamente por ellos.

(Veronica Mugler y Jasmine Khan se enfrentan en una batalla en una Vogue Nights, Nueva York, 2016. A partir de 1:00).

El voguing se practica en el ballroom, denominado así por las competiciones o balls que se celebran de forma periódica, y que a su vez representa un espacio de diversidad e inclusión sin precedentes para sus integrantes, que acuden a ellas para competir y demostrar que son los mejores pero también para poder expresarse con libertad. La celebración de balls se puede rastrear hasta los años 20, si bien no fue hasta décadas después cuando se formó la escena tal y como la conocemos hoy en día.

A finales de los 60, algunas reinas negras, cansadas de la discriminación que sufrían en los concursos de belleza drag (como el que retrata el documental The Queen), comenzaron a organizar sus propias balls en Harlem, elevando las competiciones a un nivel que nadie podría haber imaginado y creando así un espacio queer que permitiera defenderlos de la exclusión social y la marginalización derivados de su raza, género y orientación sexual.

df Mother Lasseindra.

En 1977, una de las reinas más relevantes, Crystal Labeija (quien también aparece en el mencionado documental), organizó una ball bajo el nombre de su propia casa, House of Labeija, instaurando sin querer el sistema de casas de la cultura ballroom y formalizando los aspectos de apoyo mutuo que la caracterizan. En cierto sentido, toda una revolución.

A partir de ese momento la escena ballroom se desarrolló con ferocidad, valentía y determinación durante muchos años, pero no fue hasta finales de los años ochenta cuando vivió su época de esplendor, obtenido a través de los esfuerzos competitivos de sus miembros, del desarrollo de su cultura y de la introducción de formas cada vez más llamativas de expresión, como el voguing.

(Crystal Labeija en 'The Queen'. Frank Simon, 1968).

Estilo de danza a caballo entre el deporte de contacto y el arte escénico, el voguing debe su nombre a la famosa revista de moda Vogue debido a que, en sus orígenes, tomaba sus movimientos de las poses de las modelos que aparecían en sus páginas; y que se caracteriza por la feminidad de sus movimientos, la claridad de sus formas y la liberación que fomenta su práctica.

Cuarenta años de baile dan para decenas de movimientos: toma nota.

De los diferentes estilos de voguing, el vogue femme es el que mayor calado tiene actualmente en la escena ballroom, el cual se puede practicar de una forma dramática (dramatics) o más grácil (soft and cunt), y en el se reconocen cinco elementos que se suceden de forma libre (catwalk, hands performance, duckwalk, floor performance y spin and dips; es decir, pasarela, manos, bailar en cuclillas, suelo y giros y caídas, un elemento que muchos han denominado erróneamente death drop, la caída de la muerte.

El voguing se originó de forma casi orgánica desde las primeras balls, se perfeccionó a finales de la década de los ochenta de la mano de Willi Ninja y sus contemporáneos y ha evolucionado hasta lo que es hoy: un baile que se ha alejado de ese estilo old way pero que mantiene su esencia, significado y relevancia, dentro y fuera de la escena.

Las batallas de voguing son las más esperadas de las balls, donde se suceden decenas de categorías entre las que también destacan runway (mejores andares en una pasarela), realness (capacidad de hacerte pasar por una persona cishet), face (belleza de tu rostro) o sex siren (capacidad de excitar), entre otras.

(Los butch queens de la categoría de vogue femme tratan de conseguir sus tens en la Latex Ball de 2015, Nueva York).

Por si no fueran suficiente, debido a la gran diversidad que puebla el ballroom y, dependiendo del número de participantes, es habitual que en las competiciones se abran categorías según las identidades reconocidas por el sistema sexual y de género de la cultura ballroom, un total de seis: butch queens (hombres gays), femme queens (mujeres trans), drags (hombres gays vestidos de mujer), women (mujeres cis), men (generalmente, hombres cishet) y butches (hombres trans o mujeres con apariencia masculina), si bien no siempre se abren categorías para todas ellas y en ocasiones se juntan en una competición open-to-all conjunta o se aglutinan algunas de ellas (por ejemplo, female figure).

Además, en algunas competiciones como las de vogue también su pueden llegar a abrir categorías según el estatus de los participantes en la escena ballroom: virgin o beginners (para principiantes que se estrenan en el ballroom), normal (para los denominados statements y stars) y legendary (para legends o icons que hayan recibido ese estatus tras muchos años participando en la escena).

En cada categoría, los aspirantes primero deben conseguir la aprobación (tens) por parte de los jueces, para después enfrentarse en batallas de uno a uno por el premio. Así, las balls pueden alargarse durante horas pero se garantiza que todo el que quiera pueda participar a su manera.

"Las balls pueden alargarse durante horas, pero todo el que quiera puede participar en ella".

No obstante, el ballroom es mucho más. En él no solo intervienen los participantes de cada una de las categorías, sino también los promotores y sponsors que garantizan la viabilidad de las competiciones; los jueces que determinan a los ganadores; los DJs que pinchan beats de vogue (como MikeQ o Vjuan Allure); los MCs o commentators (como Kevin JZ Prodigy o Precious Ebony) que animan a que los participantes den lo mejor de sí; el público que "canta" los nombres de las houses para apoyar a los bailarines; y numerosas personas que están detrás de algunas de las costosas producciones que se ven en las pasarelas y que sirven a su vez como diseñadores, peluqueros y estilistas.

Una ball es, al fin y al cabo, un espectáculo en el que todos intervienen ya que es el motor que mantiene viva tanto la comunidad como su cultura.

(Tati Mugler y Tamiyah Mugler, anteriormente Balenciaga, se enfrentan en una batalla de Vogue Femme, 2017).

Las Houses como mecanismo de protección, pertenencia y activismo

Si una de las dos grandes esferas de la cultura ballroom son las balls, la otra son las houses. las familias, expresadas a través del sistema de casas propio del ballroom. Existen infinidad de ellas como Labeija, Ninja, Ebony, Prodigy o Xtravaganza (y otras que toman su nombre de iconos de la moda, como Mizrahi, Balenciaga o Lanvin).

Su naturaleza refleja la misma dualidad que vemos en la pasarela: sirven como motor de competición (en las balls las houses también batallan entre sí a través de los miembros que participan en ellas) pero también de inclusión. Tanto es así que la creación de las houses ha sido un mecanismo vital ya no solo para la supervivencia de la cultura ballroom sino también la de sus propios miembros: originalmente, las casas se formaron con la agrupación de jóvenes LGBT que eran expulsados de sus casas y repudiados en las calles debido a su apariencia, identidad de género y orientación sexual.

Con las houses se formaron familias formadas por miembros en riesgo de exclusión social con el objetivo de garantizar la protección de los mismos y otorgarles un sentido de pertenencia. Al frente de cada una de ellas un "padre" o una "madre", mentores que se encargan de protegerlos así como darles apoyo, guía y consuelo.

(Javier Ninja hace una demostración en The Willi's 10th Anniversary, Celebration of Life Ball. Paris, 2016).

Tres décadas después, la situación es bastante diferente. La aceptación de las personas LGBT en la sociedad está evolucionando positivamente, si bien todavía queda mucho camino por recorrer y persisten numerosos riesgos y amenazas sobre sus miembros, muchos de ellos jóvenes que sin el apoyo del sistema serían indigentes o no tendrían sustento familiar.

Las houses siguen ejerciendo su mecanismo de protección e inclusión, sirviendo como modelos de familia alternativa para sus jóvenes. En ese sentido, la cultura ballroom continúa siendo un refugio para numerosas personas cuyo día a día puede ser duro y cruel.

En este ambiente de libertad y libre de prejuicios formado por tantas personas LGBT, el activismo en beneficio de la comunidad se ha originado de forma orgánica. Durante años, la cultura ballroom ha colaborado con asociaciones y servicios comunitarios que ofrecen servicios a personas LGBT en riesgo de exclusión, ofreciendo asesoramiento, alojamiento y servicios sanitarios y de prevención del VIH, con el objetivo de proteger a sus miembros y ejercer un activismo no tradicional pero igualmente efectivo.

Las balls son una celebración pero al mismo tiempo se sustentan en un sistema de apoyo mutuo entre sus miembros y la cultura ballroom no puede olvidarse de la homofobia, transfobia y racismo que les oprime y marginaliza como comunidad.

(Leiomy Maldonado protagoniza la campaña de igualdad de Nike 2017. Con chanting de Precious Ebony).

La expansión internacional y los retos de la cultura ballroom

sd Leiomy Maldonado en el Blockorama & Blackness YES, Toronto.

El sueño de Willi Ninja, la leyenda del voguing que conocimos en 'Paris is Burning', era ver a la propia ciudad de París arder. No vivió para verlo, pero casi tres décadas después de declarar sus intenciones la ciudad francesa ha desarrollado una escena ballroom consolidada y que sirve como referencia de la expansión internacional de la cultura ballroom de todo el mundo.

Y es que, como estilo, el voguing no tardó en viajar por todo el mundo. Ya en los años ochenta y noventa empezaron a desarrollarse pequeñas comunidades en numerosas capitales y el voguing se empezó a bailar en determinados clubs nocturnos, aunque sin mayores pretensiones. No ha sido hasta años recientes cuando la cultura ballroom ha empezado a cobrar vida internacionalmente a través de diversas escenas que han tratado de asentar, con mayor o menor precisión, las bases originales de la escena ballroom original neoyorquina.

Presente en diversas ciudades alrededor del globo, la cultura ballroom crece y suma cada vez más adeptos, atraídos tanto por las particularidades de la misma como por el atractivo de su estética y prácticas propias.

Es precisamente en París donde, a día de hoy, la escena ballroom está más activa. La introducción de la cultura a manos de los "pioneros" Lasseindra Ninja y Stephane Mizrahi ha crecido enormemente en tiempos recientes, pasando de ser una modesta reproducción a escala de la escena neoyorquina a convertirse en un bastión del ballroom que es una referencia para todo el mundo, al que incluso acuden participantes de Estados Unidos ya no solo para mostrar el camino a seguir, sino para participar en sus balls.

(Lasseindra Ninja en The IncrediBall de la Berling Voguing Out 2016).

Si bien la internacionalización de la cultura es un ejemplo tremendamente positivo del asentamiento y difusión de sus prácticas y valores, las razones que motivaron el surgimiento y desarrollo de la cultura ballroom no solo tienen que ser recordadas sino que tienen que ser defendidas en todas las escenas.

A medida que las balls se vuelven más y más internacionales, la escena original estadounidense tiene que servir como referente y ejemplo para un mundo que no siempre recuerda que el origen de las balls es de inclusión y activismo, especialmente cuando los derechos LGBT así como las vidas de sus miembros continúan en peligro.

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En 2016, sin ir más lejos, 27 mujeres trans fueron asesinadas en los Estados Unidos. En Rusia, donde la escena es especialmente activa, los jóvenes aprenden a hacer las "caídas de la muerte" al mismo tiempo que son perseguidos, arrestados, torturados o incluso asesinados. La escena ballroom tiene, en definitiva, que ser algo más que un espectáculo: tiene que ser una comunidad que luche por sus derechos, defienda su aceptación y proteja a sus miembros.

Por otro lado, la cuestión de la apropiación cultural sigue y seguirá siendo otra de las preocupaciones de los voguers de todo el mundo. Aunque, poco a poco, los usuarios externos de los elementos de la cultura ballroom empiezan a acreditar el origen de los mismos, no es la práctica habitual. En una escena en la que sus miembros luchan por ser ellos mismos y que es, sobre todo, un estilo de vida, apropiarse de sus raíces se convierte en una ofensa en toda regla.

Cada vez que un artista baila voguing o que una campaña de publicidad utiliza un beat de vogue sin acreditar sus orígenes la cultura se diluye, se marchita. Para los voguers es crucial que las audiencias generalistas den a la cultura ballroom el crédito que se merece; que su arte, sus artistas y sus raíces sean reconocidos cuando su cultura, su baile o su música son apropiados.

(Kendall Mugler, miembro de la escena parisina y Voguer of the Year 2017).

La escena española: Madrid is burning

Foto5 Kiki House Of Fab Componentes de la Kiki House of F.A.B., liderada por Silvi ManneQueen.

La cultura ballroom, cómo no, ha acabado también llegando a nuestro país. Lo ha hecho de la mano de Silvi Rodríguez, conocida en la escena como ManneQueen, bailarina y docente con un trayectoria multidisciplinar que conoció el vogue junto a otros estilos de danzas underground cuando estas todavía apenas tenían un nombre en nuestro país.

Fue en Nueva York, en un viaje de reciclaje formativo en 2009, cuando entró finalmente en sintonía con este estilo y empezó a descubrir las particularidades de la cultura que escondía. Descubrió en las clases de Archie Burnett algo que no había visto nunca en toda su vida como bailarina: que nadie te juzga por cómo eres cuando bailas voguing. Confiesa que le llevó un tiempo engancharse a la cultura pero, cuando acabó por hacerlo, abrió su primera clase de voguing en Madrid en el año 2013.

Ese mismo año participó en su primera ball en Berlín y no ha parado de viajar por todo el mundo, de ball en ball, desde entonces. "En los dos últimos años mi segunda casa ha sido París", asegura, y no es para menos: Silvi ManneQueen es una figura muy conocida en la escena parisina y ha llegado a ser jueza en una de las recientes balls que se han celebrado en la capital francesa.

ManneQueen ofrece una dedicación constante para mantener viva la escena en Madrid.

Con la introducción de las clases en Madrid el número de alumnos e interesados en el voguing ha ido creciendo con el tiempo, y Silvi se ha encargado de mantener viva la escena celebrando una ball anual en el que participan tanto sus alumnos como todos aquellos que deseen hacerlo. Con suerte, en 2018 vivirá su quinta edición.

Las clases y las balls han fomentado la creación de una comunidad de voguers de la que Silvi se muestra visiblemente orgullosa y que, a día de hoy, incluso crece a expensas de ella. Muchos de sus miembros, algunos de ellos alumnos suyos, entrenan por su cuenta, alquilando una sala o practicando en Nuevos Ministerios cuando hace buen tiempo, compartiendo espacio con los b-boys.

Mientras tenía lugar esta entrevista, tres "hijos" de Silvi viajaban a París para participar en una gran ball. La dedicación es constante. En cierto sentido, es así cómo se ha generado algo más que una comunidad: es, según las palabras de Silvi, una familia.

Foto6 Roarrr Ball Voguer hace un dip en la Roarrr Ball, IV Edición de Madrid Voguing Ball, 2017 (foto: Enrique Escancell).

No obstante, la integración de la cultura ballroom en la escena española ha sido, de momento, selectiva. "El viajar tanto te hace ver muchas cosas. La escena ballroom me ha aportado cosas buenas, pero todo lo que no me ha gustado no he querido transmitirlo", asegura ManneQueen.

Aunque es consciente de que algunos de estos aspectos negativos llegarán con el tiempo, ha querido evitar prácticas como el shade, que supone insultar al contrario con falsos cumplidos (citando a Dorian Corey: "no te digo que eres feo ni tengo que decírtelo porque ya sabes que lo eres"); las recompensas monetarias en las balls, ya que según ManneQueen eso genera que si no hay premio en metálico la gente no acuda a las balls y se olvide del motivo y origen de las mismas; y, lo que es más importante, no le ha dado tanta importancia al sistema de casas tan representativo de la cultura ballroom, evitando las etiquetas que acarrea.

A pesar de que algunos participantes de la escena española son miembros de casas internacionales, no se ha establecido por el momento una comunidad en torno al sistema de casas propio de la escena ballroom principal, tratando de evitar una rivalidad innecesaria y seguramente perjudicial en esta etapa inicial de la formación de la escena española.

"Muchas de las labores y funciones que hacen las Houses principales están aquí pero no nos ponemos una etiqueta". Sí, en cambio, han comenzado a crearse Kiki Houses, propias de la escena Kiki, paralela y similar a la principal, donde los más jóvenes practican, se divierten y socializan sin el peso de tener que batallar contra personas de renombre que llevan años en una politizada escena principal en la que son consideradas legendary o icon. Se trata de una escena con un ambiente más relajado en la que más fácil fomentar un clima de cordialidad, inclusión y apoyo mutuo. Actualmente existen cuatro Kiki Houses en España, de las cuales House of F.A.B. esta bajo la tutela de "Mother" ManneQueen.

Foto7 Silvi Mannequeen Silvi ManneQueen, promotora de la escena madrileña, posa ante la cámara (foto: Jesús Calonge).

"Mucha gente que empieza quiere rápidamente formar parte de una casa, pertenecer a algo, compartir cosas, sentirse apoyados", declara Silvi, que añade: "La familia existe, la casa existe y yo hago el papel de madre las veinticuatro horas”. ManneQueen se refiere a su labor como protectora de los que autodenomina como sus hijos, muchos de ellos muy jóvenes y procedentes de fuera de Madrid, quienes establecen amistades muy intensas, se ayudan entre ellos y entrelazan sus vidas también fuera de las clases.

"La familia existe, la casa existe y yo hago el papel de madre las veinticuatro horas”.

No obstante, Silvi tampoco se olvida de la otra cara de las casas, la de favorecer ambientes de inclusión y de ejercer el activismo LGBT.

Puntualmente, Silvi colabora con asociaciones como Apoyo Positivo, Fundación 26 de diciembre o Fundación Daniela, con las que organiza charlas y talleres sobre voguing y la cultura ballroom. Para ella, la experiencia ha sido tremendamente positiva: "Son talleres con personas diversas con muchas inseguridades y falta de aceptación, en una fase muy delicada de sus vidas", narra la bailarina. Su trabajo con ellos es acercarles al espacio de aceptación que favorece la escena ballroom y asegura que, a pesar de su reticencia inicial, al final son capaces de hacer pequeñas coreografías que ni se imaginaban que podrían hacer.

"La integración cuesta pero esas pequeñas charlas y talleres que he dado son como plantar una semillita. La gente se da cuenta de que hay un espacio donde pueden expresarse y ser ellos mismos y no tener que pasar por situaciones incómodas que sufren a diario”. Silvi confiesa que con ese trabajo de activismo y con las balls se siente más que satisfecha.

(Silvi ManneQueen, jueza en The Galaxy Ball, París, 2016. A partir del 3:43).

Sobre el futuro de la escena española, Silvi se muestra optimista. Aunque cree que el interés del público general es cíclico y que para algunos el voguing es tan solo una moda, confía en que la cultura que se establezca en España no desaparezca.

"La gente que se engancha a la escena ballroom no creo que deje de hacerlo", comenta, con la esperanza que Madrid siga el camino de la capital francesa y otras ciudades europeas: "En París se ha generado algo tan fuerte que se ha convertido en un fuego que no hay quien lo apague”. Todo apunta a que en España vamos por el mismo camino: mientras que la escena madrileña está cada vez más consolidada, con las clases, los talleres, los balls y algún que otro espectáculo en clubs nocturnos (no todos organizados por ManneQueen), en otras ciudades como Alicante, Málaga o Zaragoza empiezan a surgir pequeñas comunidades (las mencionadas Kiki Houses) creadas por alumnos que pasaron por sus clases y que ahora han abierto las suyas propias.

"Si hubiese sido un chico perteneciente a la comunidad LGBT hubiese tenido más influencia y contactos".

No obstante, Silvi es también consciente de sus limitaciones, como mujer cis y heterosexual en un mundo LGBT: “Si hubiese sido un chico perteneciente a la comunidad LGBT hubiese tenido más influencia y contactos para promover esto. Al venir del mundo de la danza y no salir mucho por la noche me he dedicado más a hacer y no a publicitarme, y quizás por ello no he tenido una rápida visibilidad.” No se lamenta por ello, a pesar de todo: ha trabajado incansablemente durante los últimos años para erigir la escena española, convencida de sus beneficios para tantas personas.

A partir del 17 de noviembre y hasta el 6 de mayo de 2018 Silvi ManneQueen participa como comisaría de una serie de talleres de voguing que se celebrarán de forma mensual como actividades paralelas de la exposición temporal "Elements of Vogue. Un caso de estudio de performance radical", que tendrá lugar en el Centro de Arte Dos de Mayo, en Móstoles, Madrid.

Serán talleres gratuitos para todos los públicos (inscripción libre en la web del centro) en los que, cada mes, un reconocido maestro internacional impartirá una categoría del ballroom. En noviembre, Kiddy Mizrahi enseñará runway y en diciembre Yanou Ninja enseñará a bailar old way. El resto de categorías y profesores se darán a conocer en los próximos meses. Poco a poco, Madrid también comienza a arder.

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