Dunas azúles y cráteres amarillos: los mil y un colores de Marte, el planeta que no es sólo rojo

Dunas azúles y cráteres amarillos: los mil y un colores de Marte, el planeta que no es sólo rojo

Publicidad

Marte es rojo. Es un axioma tan irrenunciable como el color azul del cielo, las vastas profundidades de los mares o el verdor del Amazonas. Y sin embargo, es una frase matizable. Pese a que a primera vista su superficie disfruta de un evidente color rojizo (fruto fundamental del óxido de hierro y del polvo oxidado suspendido en su atmósfera), los diversos rincones de su geografía amplían su paleta de colores. En ocasiones de forma espléndida.

Ya vimos el año pasado cómo los numerosos satélites que se han aproximado a Marte lo han fotografiado con un sinfín de colores. El High Resolution Imaging Science Experiment de la NASA, por ejemplo, nos regaló una galería alucinante de la superficie quebrada y abstracta del planeta rojo. En muchas ocasiones, sus rocas, montañas, dunas y cráteres aparecían verdosos, azul petróleo, grises o incluso amarillo.

¿Cómo puede ser? Por un lado, por la diversidad mineral natural de un planeta como Marte. Como se explica aquí, su composición geológica es muy diversa, dando lugar a minerales, metales y superficies rocosas repletas de matices cromáticos (del mismo modo que la Tierra). De tanto en cuanto, la NASA nos deleita con imágenes no-rojas de Marte. Y en su momento nos trajo una espléndida, gigantesca duna azul.

La imagen la tomó el Mars Reconnaissance Orbiter a principios de este año, pero no fue publicada hasta el pasado verano. Es habitual que enormes dunas de arena se acumulen por efecto de los vientos y de la erosión en el suelo de los cráteres. Esta, en concreto, se encuentra en la región del cráter Lyot, y su estructura es "más compleja", como explica la NASA: está compuesta por materiales finos, y distintivos de su entorno.

Duna Azul Marte (NASA/JPL-Caltech/Univ. of Arizon)

De ahí su color azulado y turquesa. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de fotografías sobre la superficie de Marte son renderizaciones e interpertaciones por parte de los científicos de la agencia espacial. Las imágenes captadas por los satélites, si bien en altísima resolución y cruciales para entender la geografía del planeta rojo, suelen ser en blanco y negro. Es tarea de sus intérpretes darles vida y color. Y en este caso, ese color es azul.

Los distintos colores de Marte

¿Cómo de reales son las fotografías que muestran la superficie de Marte en un sinfín de colores apagados, todos ellos preciosos? Es una cuestión legítima. La naturaleza del color marciano es un debate antiguo entre la comunidad científica. Dado que no hemos puesto pie sobre su superficie, ningún ser humano ha empleado la mejor herramienta que poseemos para discernir el abanico cromático de un paisaje concreto: nuestros ojos.

Todos los rover enviados al planeta rojo han incorporado algún tipo de herramienta fotográfica que nos ha permitido conocer mejor la gama cromática del terreno marciano. Sin embargo, su desempeño no es perfecto. La calibración del color es falible en función de las condiciones concretas en las que se tome la foto. Tanto el brillo como la iluminación provocan que dos imágenes de una misma montaña, tomadas por el mismo aparato, disten mucho entre sí.

Marte 2 También es Marte. (NASA/JPL/University of Arizona)
Marte Dos Y sí, también es Marte. (NASA/JPL/University of Arizona)

De ahí que la NASA y otras agencias espaciales se apoyen en modelos de interpretación cromática (similares en el fondo a las reconstrucciones pictóricas de las antiguas fotografías en blanco y negro). Es algo que también hemos visto en las gloriosas imágenes de Júpiter captadas por Juno: el satélite entregaba productos en bruto, en blanco y negro, y sus intérpretes se lanzaban a colorear lienzos impresionistas repletos de vibrantes colores.

¿Implica eso que la duna retratada por el MRO no es azul? No necesariamente. Es muy probable que las tonalidades de muchos rincones de Marte no oscilen en absoluto en una gama de colores cálidos, y que muchos de los minerales y metales que componen su superficie dibujen lienzos cromáticos azules, verdosos o amarillentos. La duna, tan turquesa, es una recreación, una pequeña licencia artística que, en realidad, nos sirve para comprender mejor a nuestro vecino.

Y quién sabe: a amarlo por su belleza justo antes de colonizarlo.

Temas
Publicidad
Publicidad
Inicio