"La Bella que creó a la Bestia" o la diseñadora de la que el cine no nos ha querido hablar

"La Bella que creó a la Bestia" o la diseñadora de la que el cine no nos ha querido hablar

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Si por algo ha pasado a la historia Universal es por sus famosas películas de terror y ciencia ficción. Por los monstruos que llevó a la gran pantalla, protagonizaron las pesadillas de niños y adultos que veían a las extrañas criaturas en la oscuridad de la sala y que, poco a poco, se fueron convirtiendo en iconos irrenunciables de nuestra cultura popular.

Desgraciadamente, en aquellos iniciales tiempos tampoco había la misma cultura acreditativa de los creadores de esas fantasías que ahora, y son muchos los artistas que fueron relegados al ostracismo por medios e industria.

Milicent Patrick, la "condesa italiana" que soñaba con monstruos y humanoides

De entre los monstruos de esta productora uno de los más importantes fue La Criatura, el villano protagonista de La mujer y el monstruo y precursor, como reconocería Spielberg después, del tiburón más famoso de la historia del cine. Y resulta que una de las responsables directas de este icónico diseño fue una mujer excepcional y que por eso es importante que mantengamos en nuestra memoria.

Milicent Patrick, hija de un arquitecto y persona especialmente dotada para las artes, tuvo una vida envuelta en misterios, hasta tal punto que hay biografías que siguen manteniendo que se trataba de una condesa italiana y en ninguno de los casos sabemos la fecha exacta de su nacimiento. Sea como fuese, sí sabemos que fue la primera mujer acreditada como diseñadora e ilustradora por un gran estudio en una época en el que a las mujeres se las relegaba a posiciones no creativas por puro sexismo.

Su talento le valió salirse del corsé de género, en parte porque Bud Westmore, el archiconocido director del departamento de maquillaje de Universal, comprendió al ver su trabajo que la necesitaba en su equipo.

A lo largo de los años Patrick ocupó un lugar significativo en el proceso de creación del Xenomorfo de Llegó del Más Allá (1953), El mutante Metaluna de Regreso a la Tierra (1954) y las prótesis faciales de Abbott y Costello contra el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1953) y Bajo el signo de Ishtar (1956).

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Pero si por algo ha trascendido es por su diseño del citado Gill Man aka La Criatura, una de las grandes joyas de Universal tan relevante para la historia del cine como lo fueron King Kong o Godzilla y una película de enorme presupuesto que se convirtió en referente de la historia del 3D cinematográfico. El monstruo, así como las grabaciones de las escenas submarinas, impresionaron tanto a las audiencias que el bicho acabó ganándose la creación de una segunda parte.

Y aquí es donde se iniciaron los problemas porque Universal, viendo lo que tenía en sus estudios, encontró un ángulo ideal para promocionar su filme. “La Bella que creó a la Bestia”, sería el título propuesto por el departamento publicitario. Ella y sólo ella, una joven de veintipocos, única entre un equipo lleno de varones, sería la encargada de trasmitir a los periodistas una narrativa por la cual esta joven genio había creado una repugnante criatura desde cero.

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La artista que se convirtió en obstáculo de la carrera de Bud Westmore

El gancho, por supuesto, no sentó nada bien a Westmore, un hombre que es reconocido entre los expertos en la historia de los efectos especiales por buscar constantemente la foto y que corría a sus oficinas para coger algún utensilio con el que posar cuando olía que las cámaras se acercaban. Paradójicamente, el traje de La Criatura aparece a día de hoy como mayor logro en la carrera como maquillador de las biografías sobre Westmore.

El origen del anfibio es, además, cooperativo y así es como Patrick siempre se lo hizo saber a los periodistas:

Jack Arnold, el director de la película, llegó al set con la idea de hacer un animal marino con ciertas características; ella creó varios bocetos a partir de los requerimientos de Arnold, refinando la propuesta (como ex actriz aportó una visión mucho más pragmática de cómo debía ser el disfraz para que un intérprete pudiera ponérselo y actuar durante horas); y Westmore y Jack Kevan, el fiel ayudante del famoso maquillador, elaboraron un disfraz que costó más de dos meses y 18.000 dólares de la época producir.

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Así que lo importante no es tanto si Patrick fue o no la principal creadora de La Criatura, sino cómo sus superiores intentaron instrumentalizar la importancia de su mérito para terminar perjudicándola. Mientras el estudio la intentaba forzar a hacer el tour promocional, Westmore, su mentor, “se comportó como un niño”, como señalaron los ejecutivos Clark Ramsey y Charles Simonelli en sus correspondencias.

La culpó de lo sucedido y logró que su nombre dejara de aparecer asociado al departamento pese a que ella siguió desarrollando su trabajo allí durante unos cuantos años y películas más.

Patrick, cansada de luchar, volvió a la actuación que había dejado para dedicarse al diseño, siempre en papeles no demasiado relevantes y con un perfil bajo de cara a los medios. Para 1968 realizó su última aparición pública, con la película Fiebre de Codicia, y murió de una larga enfermedad en 1998. Su verdadero papel en la gestación de La Criatura sigue tiene a día de hoy la misma cualidad que el resto de su vida: la de ser un desconcertante misterio.

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